Lobo pequeño abre los ojos. Afuera la niebla brilla. La nieve cae suave. Pluf, pluf, dice la nieve. Lobo siente frío en la nariz. Se estira. "Mmm", dice. La cueva está cálida. Manta, la mamá lobo, está cerca. Ella sopla aire tibio. Toc-toc, toca la puerta de la cueva el viento.
Lobo sale. Ve árboles blancos. Ve huellas en la nieve. Sigue las huellas. Hop, hop, sus patas hacen puntas. Sus patitas están abrigadas. Lleva bufanda azul. La bufanda lo acaricia. El sol se pone temprano. El cielo se vuelve rosa. Lobo mira y sonríe.
Encuentra un charco. Plouf, dice el hielo muy fino. Lobo no corre. Mira con cuidado. Canta bajo: "lalá". Un pajarito canta desde un pino. "Pío pío", dice. Lobo escucha. Se siente tranquilo.
Lobo quiere jugar. Hace una bola con la nieve. La aprieta y ríe. "¡Ja!" La bola rueda. Roll, roll. Se para junto a un amigo, Liebre. Liebre viene suave. "Hola", dice Liebre. "Hola", responde Lobo. Juegan a empujar la bola. Toc-toc, chocan las narices. Todo es divertido y fácil.
La tarde baja. Las luces de la cueva son cálidas. Regresan con paso lento. Manta prepara leche tibia. Lobo bebe y bosteza. Su barriga está llena. Manta peina su pelaje. Sus manos son suaves. Lobo siente calor en el corazón.
De noche, la familia se junta. Las estrellas titilan. Lobo mira y se siente pequeño y seguro. Sueña con nieve, amigos y canciones suaves. Si tiene frío, Manta lo abraza. Si se siente dudoso, Manta le dice: "Puedes, pequeño". Lobo respira hondo. Cierra los ojos.
Moraleja: En el invierno, el cariño y la calma hacen que el frío se convierta en abrazo.