El pequeño zorro Rojo juega en el bosque. Rojo corre, salta y ríe. Hoy hace sol. Rojo está feliz.
Mamá Zorra llama a Rojo. “Rojo, ven aquí”, dice mamá. Rojo corre muy rápido. Mamá le sonríe y le da una noticia. “Hoy viene tu amigo Lolo a jugar”, dice mamá. Rojo se sorprende. No esperaba visita. Rojo se pone nervioso.
Rojo piensa: “¿Y si Lolo no quiere jugar conmigo? ¿Y si hago algo mal?” Rojo siente calor en sus mejillas. Rojo baja la cabeza. “Me da vergüenza”, dice Rojo muy bajito.
Mamá lo abraza con suavidad. “Está bien sentir vergüenza, Rojo”, dice mamá. “A veces todos nos sentimos así.” Rojo mira a mamá. Sus ojos grandes y suaves lo tranquilizan.
De pronto, Lolo llega. “¡Hola, Rojo!”, dice Lolo. Rojo quiere saludar, pero su voz sale pequeñita. Lolo sonríe. “¿Jugamos a saltar?” pregunta Lolo. Rojo asiente despacio.
Empiezan a saltar juntos. Rojo tropieza y cae. Rojo siente la cara muy roja. “Me caí”, dice Rojo bajito. Lolo se acerca y lo ayuda a levantarse. “Yo también me caigo a veces”, dice Lolo. “No pasa nada. Podemos intentarlo otra vez.”
Rojo se ríe un poco. Mamá aplaude. “¡Muy bien, Rojo! ¡Muy bien, Lolo!” Rojo siente menos vergüenza. Rojo se siente mejor.
Juegan y se divierten. Rojo salta, Lolo salta. A veces se caen, pero se ayudan. Rojo aprende que la vergüenza puede pasar. Rojo ve que puede seguir jugando aunque sienta vergüenza.
Al final del día, Rojo abraza a mamá. “Hoy sentí vergüenza, pero jugué y me divertí”, dice Rojo. Mamá sonríe. “Tus emociones te ayudan a aprender, Rojo. Está bien sentir vergüenza. Está bien ser tú.”
Rojo cierra los ojos y sueña tranquilo. Mañana será otro día para sentir, jugar y aprender.