Nico es un niño pequeño. Tiene dos años. Hoy, Nico ve algo brillante en el salón. Es un espejo mágico. El espejo es redondo y grande. Nico se acerca despacito.
“Mamá, ¿qué es esto?”, pregunta Nico.
Mamá sonríe y dice: “Es un espejo mágico. Mira dentro, Nico”.
Nico mira y ve su cara. El espejo brilla. Nico sonríe grande.
“Mira, mamá, soy yo”, dice Nico.
“Sí, eres tú”, dice mamá. “¿Cómo te sientes?”
Nico piensa. “Estoy feliz”, dice. Su sonrisa es muy grande.
El espejo brilla más fuerte. De repente, el espejo dice: “¡Qué sonrisa tan bonita!”.
Nico se ríe. Mamá se ríe también. Nico sigue mirando. Ahora, ve su camiseta limpia.
“Mamá, yo puse mi camiseta solo”, dice Nico.
Mamá aplaude. “¡Muy bien, Nico! Estoy muy orgullosa de ti”.
Nico siente su corazón saltar. Se siente grande, se siente fuerte. “Estoy orgulloso”, dice Nico.
El espejo mágico brilla y dice: “¡Eso es orgullo, Nico! Cuando haces algo tú solo, te sientes muy bien”.
Nico aplaude también. “Estoy orgulloso porque puse mi camiseta. Yo lo hice”, dice feliz.
Mamá le da un abrazo. “Cada vez que haces algo tú solo, puedes sentirte orgulloso”, dice mamá.
Nico mira el espejo. “Hola, espejo. Hoy soy un niño orgulloso”, dice.
El espejo brilla suave.
Mamá sonríe. “Está bien sentirse orgulloso cuando aprendes algo nuevo”, dice mamá.
Nico ríe, mamá ríe, y el espejo ríe también.
Nico sabe que el orgullo es una emoción bonita. Cuando hace cosas solo, puede decir: “Estoy orgulloso”. Y eso es muy, muy bonito.