Era primavera. El sol brillaba y todo era colorido. Los niños jugaban en el jardín.
—¡Mira, un pájaro! —dijo Tomás, señalando al cielo.
—¡Sí! —respondió Ana—. El pájaro vuelve a casa.
Los niños sonrieron. Les gustaban los pájaros.
—¡Y las flores! —gritó Pablo, que tenía una pierna un poco diferente.
—¡Flores! —dijeron todos—. ¡Flores de colores!
Los niños ayudaron a mamá a limpiar el jardín.
—Vamos a poner flores aquí —dijo Ana.
—Y aquí —agregó Tomás—. ¡Qué bonito!
De repente, escucharon un zumbido.
—¡Mira, una abeja! —exclamó Pablo.
—¡Una abeja! —gritaron los demás—. ¡Trabajadora!
—Las abejas hacen miel —dijo Ana—. ¡Son importantes!
Los niños aprendieron sobre la primavera.
—¡Primavera es alegría! —dijo Tomás.
—¡Sí! —respondieron todos—. ¡Amor y flores!
Y así, los niños disfrutaron de la primavera, llenos de risas y descubrimientos.