En la mañana de primavera, Leo, Tomi y Dani caminan despacio con su maestra por el parque. El aire es suave. Huele a hierba nueva. El sol calienta un poco la cara.
Leo mira un árbol. Hay brotes verdes, muy pequeños.
“Son hojitas”, dice la maestra.
Leo toca una hoja. Es lisa y fresquita.
Tomi oye un sonido.
“Pío, pío”, dice.
En una rama hay un pajarito. Canta bajito. Tomi sonríe y pone la mano en su pecho, como si guardara el canto.
Dani ve una flor amarilla junto al camino. Se agacha.
“¡Flor!”, dice.
La maestra responde: “Sí, es una flor de primavera”.
Dani la huele. Huele dulce. No la arranca. Solo mira.
Cerca hay una nube blanca. Pasa lenta. Los tres niños la miran un momento. Todo va con calma.
Luego encuentran un charco pequeño, de la lluvia de anoche. El agua brilla.
Leo mete un dedo. “Fría”, dice.
La maestra dice: “Sí, el agua está fría, pero el sol la seca poco a poco”.
Tomi da un paso y salpica un poco. Se ríe.
Dani aplaude: “¡Plas, plas!”
Al lado del charco hay una lombriz en la tierra húmeda. Se mueve despacio.
“Hola”, dice Leo.
“Vive aquí”, dice la maestra. “Ayuda a la tierra”.
Los niños miran en silencio. OyEN una abeja. Zum, zum. Pasa y va a una flor.
De vuelta, se sientan en un banco. Comen un trocito de fruta. Sabe a dulce. El viento trae olor a flores.
Moral: En primavera, mirar y cuidar lo pequeño trae calma y alegría.