Capítulo 1: La llegada de la primavera
Un día soleado, Pablo, un niño de tres años, salió al jardín con su mamá. El jardín estaba lleno de flores de colores. Había rosas rojas, girasoles amarillos y claveles lilas. Pablo sonrió.
“Mira, mamá, ¡las flores están despiertas!” dijo Pablo emocionado.
“Sí, querido, es primavera. Las flores crecen y todo se ve hermoso”, respondió su mamá.
Pablo quería tocar las flores. “¿Puedo tocar la rosa, mamá?”
“Claro, pero con cuidado. Las flores son delicadas”, dijo su mamá.
Pablo tocó la rosa suavemente. Era suave y fragante. “¡Huele rico!” exclamó.
“¿Quieres ayudarme a plantar más flores?” preguntó su mamá.
“¡Sí!” gritó Pablo.
Capítulo 2: Plantando flores
Pablo y su mamá tomaron pequeñas semillas de flores. “Vamos a ponerlas en la tierra”, explicó su mamá.
Pablo hizo un agujero en la tierra con sus dedos. “¿Así, mamá?” preguntó.
“Perfecto, Pablo. Ahora pon la semilla adentro”, dijo su mamá.
Pablo puso la semilla en el agujero. “¿Y ahora?”
“Ahora cubrimos la semilla con tierra y le damos agua”, respondió su mamá.
Pablo regó la tierra con cuidado. “¡Las flores van a crecer pronto!” dijo feliz.
“Sí, en unas semanas veremos los resultados”, dijo su mamá.
Pablo sonrió, pensando en cómo serían las flores.
Capítulo 3: La búsqueda de huevos de Pascua
Un día, Pablo y su mamá fueron al parque. Había un evento especial: ¡la búsqueda de huevos de Pascua!
Pablo estaba muy emocionado. “¡Quiero encontrar muchos huevos!” gritó.
“Vamos a buscar juntos”, dijo su mamá.
Pablo corrió por el césped. “¡Mira, mamá!” encontró un huevo de colores. Era rojo. “¡Uno!”
“Muy bien, Pablo. Sigue buscando”, animó su mamá.
Pablo buscó y buscó. Encontró un huevo azul, uno verde y uno amarillo. “¡Tengo cuatro!” dijo feliz.
“¡Eres un gran buscador de huevos!” dijo su mamá.
Pablo estaba orgulloso. “La primavera es divertida, mamá. Hay flores y huevos.”
“Sí, Pablo, y también muchos animales. ¿Ves a los patitos en el lago?” preguntó su mamá.
Pablo miró y vio pequeños patitos nadando. “¡Son tan lindos!” dijo emocionado.
“Vamos a acercarnos a verlos”, sugirió su mamá.
Pablo se acercó, cada patito hacía “cuac, cuac”. “¿Pueden jugar en el jardín también?” preguntó.
“Los patitos son felices en el agua, pero podemos plantar flores para que estén felices en nuestro jardín”, explicó su mamá.
Pablo sonrió y pensó en todas las cosas hermosas de la primavera.
“Me gusta la primavera, mamá. Las flores, los huevos y los patitos”, dijo Pablo.
“Y lo mejor de todo, es que podemos disfrutar de la naturaleza juntos”, respondió su mamá abrazándolo.
Pablo se sintió feliz y lleno de amor. La primavera era realmente especial.