Primavera y botones
La tarde está tibia. El sol es amable. Cuatro niñas caminan por el parque. Tienen alrededor de cuatro años. Llevan vestidos de colores. Llevan botas con flores. Llevan risas en las manos.
"¿Ves?" dice Ana señalando una hoja.
"¡Es verde!" dice Bea.
"¡Brilla!" dice Clara.
"Mira mi lupa," dice Dana, sonriendo.
Dana saca una lupa pequeña. Es redonda y clara. La pasa a Ana. Ana la mira con cuidado. La lupa hace grande una gota de lluvia. La gota parece un ojo que mira el mundo.
Las niñas se sientan en el césped. Hay botones de flores por todas partes. Botones cerrados. Botones como pequeñas pelotas. El aire huele a tierra y a flores. El viento sopla suave. Las hojas hacen un susurro lento.
"¿Qué vemos?" pregunta Bea.
"¡Hormiga!" dice Clara.
La hormiga trabaja sin prisa. Lleva una hoja. Las niñas la miran con la lupa. La hormiga es pequeña. La lupa la convierte en un barco que navega por el mundo verde.
"¿Podemos compartir la lupa?" pregunta Ana.
"Sí," dicen las otras. "Compartimos."
Compartir es fácil. Una mano da. Otra mano recibe. Las niñas pasan la lupa en círculo. Cada una dice lo que siente. Cada una cuenta algo tierno.
El jazz de la primavera
El parque suena como una canción. Pájaros hacen "pi-pi". Ranas hacen "croac". Un perro ladra en la distancia: "guau". Las niñas escuchan. Cierran los ojos un momento. Abren los ojos despacio. Todo suena mejor con el sol.
"Escucha," dice Dana. "La tierra canta."
"¿Cantaría feliz?" pregunta Clara.
"Sí, feliz," susurra Bea.
Las flores se abren poco a poco. Primero un puntito. Luego una sorpresa. Los pétalos se estiran como manos que despiertan. Los colores son rosa, amarillo, blanco y azul. Las niñas tocan con los dedos. Los pétalos son suaves. Huelen dulce. El perfume es de fruta y de miel.
"¿Puedo oler?" pregunta Ana.
"Sí," dice Bea. "Huele a abuela."
Todas ríen. La risa suena como campanillas.
Una mariposa pasa sin prisa. Baila en círculos. Se posa en la rodilla de Clara. Clara no se mueve. La mariposa abre y cierra sus alas. Las niñas miran la danza. La lupa las ayuda a ver las líneas finas en las alas. Son como pinturas.
"Huele la primavera," dice Dana. "Siente la brisa."
Ellas sienten la brisa en la cara. Es como un abrazo ligero. Cierran los ojos y respiran. Inhalan aire fresco. Exhalan contentas.
Pequeñas aventuras, gran calma
Cerca de un tronco hay una pequeña charca. El agua está quieta. Refleja el cielo. Las niñas se acercan con pasos suaves. No hacen ruido. Quieren ver sin asustar.
"¿Qué hay ahí?" pregunta Ana.
"Un reflejo," dice Bea.
"Mi cara," dice Clara.
"Tu sonrisa," dice Dana.
Dana pone la lupa sobre una piedra. Todas miran. Ven agua y luz. Ven un micro-mundo: algas finas, una mosca posada, burbujas pequeñas. El mundo parece un cuento en miniatura. Les hace sentir calma.
Se recuestan sobre la hierba. La hierba pincha un poco, pero es agradable. El sol acaricia la piel. Los labios de Bea se tienden en una sonrisa tranquila. Ana apoya la cabeza en el regazo de Dana. Clara dibuja un círculo en la tierra con un palo. Todo es simple. Todo es dulce.
"Compartir la lupa fue bonito," dice Ana.
"Sí," dice Bea. "Compartir hace la primavera más grande."
Las niñas repiten la frase en coro. Es como una canción que se repite lento.
El día se hace naranja. Las sombras se alargan. Las niñas recogen sus pequeñas manos. Guardan la lupa en una bolsita. La bolsita huele a flores y a hojas.
"Nos vamos a casa," dice Dana.
"Con la lupa," añade Clara.
"Y con un secreto," dice Bea.
"¿Cuál secreto?" preguntan las otras.
"Que la primavera vive en nuestras manos," dice Dana.
"Y en nuestra sonrisa," susurra Ana.
Caminan despacio por el sendero. El cielo está pintado de rosado. Los árboles se mecen como si contaran un cuento. Una brisa les toca la cara. Les recuerda jugar mañana.
En casa esperan pequeñas tazas de té con leche tibia. Las niñas se lavan las manos con agua fresca. Se ponen pijamas suaves. Se acurrucan en una cama grande con una manta de colores. Cada una guarda la lupa cerca, sobre la mesita.
Antes de dormir, miran por la ventana. Ven la luna subida en el cielo. No es grande ni pequeña. Es un farol amigo. La noche huele a tierra mojada y a flores dormidas.
"Hoy fue un día bueno," dice Bea.
"Aprendimos a mirar," dice Clara.
"Y a compartir," añade Ana.
"Y a sonreír por dentro," dice Dana.
Cierran los ojos lenta y cálidamente. Sienten la sonrisa dentro del pecho. No es una sonrisa que se ve. Es una sonrisa que se siente, suave como una manta.
Dentro, la sonrisa crece despacio. Se extiende por la barriga. Llega al corazón. Se acomoda allí como un pajarito. Les da calma. Les da sueño.
Duermen con la lupa cerca. Duermen con la primavera dentro. Y su sonrisa interior se queda con ellas hasta el sueño.