Lucas y Mateo son dos amigos que viven en un pequeño pueblo. Lucas es un niño curioso, y Mateo siempre está sonriendo. Un día, Lucas y Mateo salen a jugar al jardín. Es primavera. El sol brilla y el aire está lleno de flores.
Lucas señala un árbol. "¡Mira, Mateo! ¡Las hojas están verdes!" dice Lucas. Mateo sonríe y aplaude. "Verde, verde", repite contento.
En el suelo, ven muchas flores de colores. Lucas se agacha. "Mira, Mateo, una flor amarilla", dice Lucas. Mateo toca la flor suavemente. "Amarilla, bonita", dice.
Cerca del árbol, hay un pequeño jardín. "Vamos a plantar", dice Lucas emocionado. Mateo asiente y juntos cavan un pequeño hoyo. Lucas pone una semilla. "Crece, crece", dice.
Después, escuchan un ruido. Es un pájaro que canta. "Pío, pío", dice Lucas. Mateo ríe y dice, "Pío, pío".
El día es soleado y feliz. Lucas y Mateo disfrutan de la primavera. La naturaleza es hermosa. "Gracias, primavera", dicen juntos.
Al final del día, Lucas y Mateo regresan a casa. Están cansados pero felices. La primavera les ha mostrado sus maravillas. "Mañana, más aventuras", dice Lucas. Mateo asiente y sonríe. "Sí, más", dice.
La primavera es mágica, y Lucas y Mateo la aman.