Era un lindo día de primavera. El sol brillaba y las flores estaban de colores. Un oso llamado Bruno estaba muy feliz. "¡Es primavera!", decía Bruno. "¡Vamos a jugar!"
Bruno salió de su casa. Miró a su alrededor. "¡Miren las flores!", gritó. Las flores eran rosas, amarillas y moradas. Bruno olfateó una flor. "¡Huele rico!", dijo.
Bruno fue al parque. Allí estaban sus amigos: la coneja Lila, el pato Pipo y la tortuga Tila. "¡Hola, amigos!", dijo Bruno. "¿Qué hacemos hoy?"
Lila saltó de alegría. "¡Hagamos una búsqueda del tesoro!", sugirió. "¡Sí!", gritaron todos. Bruno dijo: "¡Vamos a buscar cosas de primavera!"
Empezaron la búsqueda. Encontraron hojas verdes, una mariposa amarilla y una piedra suave. "¡Mira, una mariposa!", dijo Pipo. "¡Es linda!", respondió Lila. Bruno tomó notas. "Esto es divertido", dijo.
Después de la búsqueda, Bruno tuvo otra idea. "¿Hacemos dibujos?", preguntó. Todos asintieron. Bruno trajo lápices de colores. "¡Vamos a dibujar flores!", dijo.
Se sentaron en el césped. Bruno dibujó una gran flor roja. Lila hizo una flor azul. Pipo dibujó una flor con patas. Tila hizo una flor con brazos. "¡Son hermosas!", dijeron todos.
El sol empezaba a bajar. "¡Qué día tan divertido!", exclamó Bruno. "Primavera es genial". Sus amigos sonrieron. "Sí, primavera es especial", dijeron.
Bruno miró a sus amigos. "Gracias por jugar conmigo", dijo. "¡Primavera es para compartir!" Todos se abrazaron.
El día terminó, pero Bruno estaba feliz. "Mañana será otro día de primavera", pensó. "¡Vamos a jugar de nuevo!" Y así, Bruno y sus amigos celebraron la primavera juntos.