En un pequeño pueblo, lleno de luces y alegría, vivían dos amigos: Tomás y Leo. Tomás tenía un gorro rojo y Leo usaba una bufanda azul. Era invierno, y todo estaba cubierto de nieve.
—¡Mira, Leo! —dijo Tomás—. ¡La nieve es blanca y suave!
—¡Sí, Tomás! —respondió Leo—. ¡Y podemos hacer un muñeco de nieve!
Los dos amigos comenzaron a hacer bolitas de nieve. Hicieron un gran muñeco. Leo decía:
—¡Es divertido hacer un muñeco!
—¡Sí! —gritó Tomás—. ¡Y podemos jugar en la nieve!
Mientras jugaban, vieron cómo la nieve caía como copos suaves.
—¿Ves, Leo? —preguntó Tomás—. ¡La nieve parece un abrazo!
—¡Sí, un abrazo frío! —rió Leo.
Pasaron el día jugando y riendo, disfrutando del invierno juntos. Cuando llegó la noche, miraron las estrellas.
—El invierno es hermoso —dijo Tomás.
—¡Sí! —respondió Leo—. ¡Y siempre es mejor con un amigo!
Así, Tomás y Leo aprendieron que el invierno trae magia y alegría, y lo mejor es compartirlo con quienes amamos.