En un dĂa frĂo de invierno, un pequeño conejo llamado Nieve saliĂł de su acogedora madriguera. Nieve mirĂł a su alrededor. ¡Todo estaba cubierto de blanco! La nieve brillaba bajo el sol.
—¡Mira, mamá! —gritó Nieve—. ¡Nieve, nieve!
La mamá conejo sonriĂł. —SĂ, Nieve. Es un dĂa perfecto para jugar en la nieve.
Nieve saltó y corrió. Encontró una colina suave. —¡Voy a deslizarme! —dijo emocionado. Se sentó en un trineo pequeño y se deslizó hacia abajo. ¡Wiiii!
—¡Eso fue divertido! —rió Nieve. —¡Quiero hacerlo otra vez!
La mamá conejo aplaudiĂł. —¡SĂ, Nieve! Juguemos juntos.
Nieve y su mamá hicieron un muñeco de nieve. —¡Es un conejo de nieve! —dijo Nieve, feliz.
En la tarde, el cielo se llenó de colores. —Mira, mamá, ¡auroras boreales! —exclamó Nieve.
—Son hermosas, Nieve. Es el invierno lleno de magia.
Nieve sonrió y abrazó a su mamá. —¡Me encanta el invierno!
Y asĂ, Nieve aprendiĂł que el invierno es un tiempo para jugar, aprender y compartir momentos felices.