CapĂtulo 1: El reencuentro en el parque
—Mamá, Âżvamos al parque? —pregunta LucĂa, con sus ojos grandes y brillantes.
—SĂ, LucĂa, vamos ahora —responde mamá, sonriendo y dándole la mano.
LucĂa camina despacio, mirando las flores y escuchando a los pájaros. Cuando llegan al parque, ve algo especial.
—¡Mamá, mira! ¡Ese es Tomás! —grita LucĂa, señalando a un niño parado cerca del columpio.
—¡Tomás! —llama LucĂa, corriendo hacia Ă©l.
Tomás la mira y sonrĂe.
—¡LucĂa! ¡Cuánto tiempo sin verte! —dice Tomás.
LucĂa le da un gran abrazo.
—Te extrañé mucho, Tomás —dice LucĂa.
—Yo tambiĂ©n te extrañé, LucĂa —dice Tomás, agarrando su mano.
Los dos se sientan en la hierba. El sol brilla sobre sus cabezas y el aire huele a flores frescas.
—¿Quieres jugar conmigo? —pregunta LucĂa.
—¡SĂ! —responde Tomás.
Los dos corren juntos, juegan a la pelota y se rĂen mucho. Se sienten muy felices de estar juntos otra vez.
CapĂtulo 2: Aventuras y pequeños problemas
—¿Vamos a buscar piedras de colores? —propone Tomás.
—¡SĂ, busquemos las más bonitas! —dice LucĂa.
LucĂa y Tomás miran por todo el parque. Encuentran una piedra azul y una piedra amarilla.
—Mira, Tomás, esta piedra es muy suave —dice LucĂa, mostrando su piedra.
—Esta es brillante, LucĂa. ¡Las ponemos juntas! —dice Tomás.
Juegan y rĂen, pero de pronto, LucĂa tropieza con una rama y cae sentada.
—Ay, me duele la rodilla —dice LucĂa, con una vocecita triste.
Tomás se arrodilla a su lado.
—No te preocupes, LucĂa. Yo estoy aquĂ contigo —dice Tomás, dándole su mano.
LucĂa respira hondo, siente la mano de su amigo y poco a poco deja de llorar.
—Gracias, Tomás. Me siento mejor contigo —dice LucĂa.
—Los amigos siempre se ayudan —responde Tomás, sonriendo.
LucĂa se levanta y juntos caminan despacio. Siguen recogiendo piedras y pronto se olvidan del dolor.
—¿Quieres compartir mi galleta? —pregunta Tomás, sacando una galleta de su mochila.
—¡SĂ, gracias! —responde LucĂa, partiendo la galleta en dos.
Ambos comen y se sienten muy contentos.
CapĂtulo 3: Aprendiendo juntos
De repente, LucĂa y Tomás ven un charco grande en el camino.
—¿Y si saltamos el charco juntos? —propone Tomás.
—¡SĂ, pero tengo miedo de caer! —dice LucĂa.
—No te preocupes, LucĂa. Yo te doy la mano —responde Tomás.
Los dos se toman de la mano, cuentan hasta tres, y saltan juntos. ¡Splash! Un poco de agua salpica, pero se rĂen mucho.
—¡Ha sido muy divertido! —dice LucĂa, riendo.
—SĂ, y juntos somos valientes —dice Tomás.
El sol empieza a bajar y el parque se llena de colores suaves. Mamá llama a LucĂa.
—LucĂa, es hora de volver a casa —dice mamá.
—¿Puedo volver a jugar contigo otro dĂa, Tomás? —pregunta LucĂa.
—¡Claro que sĂ! Siempre seremos amigos —responde Tomás, dándole otro abrazo.
LucĂa sonrĂe y guarda una piedra en su bolsillo.
—Esta piedra es para recordar a mi amigo Tomás —susurra LucĂa.
Mamá toma la mano de LucĂa y caminan juntas a casa. LucĂa mira hacia atrás y saluda a Tomás.
—¡Hasta pronto, amigo! —dice LucĂa.
—¡Hasta pronto, LucĂa! —responde Tomás, feliz.
Esa noche, LucĂa piensa en su dĂa. Piensa en Tomás, en las risas, en las piedras de colores y en cĂłmo un amigo puede ayudar y hacer que todo sea mejor. LucĂa cierra los ojos y sonrĂe, sabiendo que la amistad es un tesoro para siempre.