En un pequeño pueblo vivía un niño llamado Lucas. Lucas tenía 3 años y le encantaba jugar en el parque. Un día, mientras jugaba con su pelota roja, vio a una niña que estaba sola. "Hola", dijo Lucas con una sonrisa. La niña se llamaba Ana y también tenía 3 años.
Lucas le preguntó: "¿Quieres jugar conmigo?". Ana sonrió y dijo: "Sí, gracias". Juntos corrieron por el césped, riendo y compartiendo la pelota. Lucas le enseñó a Ana cómo lanzarla muy alto. Ana aplaudió emocionada y dijo: "¡Eres muy bueno, Lucas!".
Después de un rato, se sentaron bajo un árbol grande. Lucas sacó una galleta de su mochila y la partió en dos. "Para ti", ofreció a Ana. Ella tomó la galleta y dijo: "Gracias, Lucas. Eres un buen amigo". Ambos comieron contentos, disfrutando el sabor dulce.
De repente, vieron una mariposa que volaba cerca. "¡Mira, Ana!", señaló Lucas. La mariposa era de colores brillantes y revoloteaba feliz. Los dos niños la siguieron, riendo y tratando de tocar sus alas. La mariposa voló hasta una flor y se quedó quieta. "Es hermosa", dijo Ana con una sonrisa.
Pronto, el sol comenzó a bajar, y era hora de irse a casa. Lucas y Ana se despidieron con un abrazo. "Mañana jugamos otra vez", dijo Ana. Lucas asintió, feliz de haber encontrado una nueva amiga.
Al llegar a casa, Lucas le contó a su mamá sobre su día. Ella sonrió y dijo: "Qué bueno, Lucas. Tener amigos es especial". Lucas se sintió feliz y se durmió soñando con nuevas aventuras con Ana.
La amistad es un regalo bonito que nos hace sonreír cada día.