Capítulo 1: El Gran Circo
Había una vez tres amigos: Tomás, Luis y Pablo. Eran tres niños de cuatro años muy traviesos y alegres. Un día, decidieron ir al circo que había llegado a su ciudad.
—¡Vamos al circo! —gritó Tomás, saltando de alegría.
—¡Sí, sí! —respondieron Luis y Pablo, dando vueltas en el aire.
Cuando llegaron al circo, vieron luces brillantes, colores y un gran cartel que decía: "¡El Gran Circo de la Risa!" Los tres amigos miraron con asombro.
—¡Mira! —dijo Luis, señalando a un payaso que hacía malabares. El payaso tenía una nariz roja y un sombrero enorme. Se llamaba Don Riso.
—¡Es muy divertido! —rió Pablo.
De repente, Don Riso se acercó a ellos.
—¡Hola, pequeños! —dijo el payaso con una gran sonrisa. —¿Quieren ayudarme?
—¡Sí! —gritaron los tres al unísono.
Capítulo 2: El Problema de los Animales
Don Riso les explicó que había un problema en el circo. Los animales no querían salir a la pista porque se habían escondido.
—¡Oh no! —exclamó Tomás. —¿Cómo podemos ayudar?
—Necesito que me ayuden a encontrar a los animales —dijo Don Riso, rascándose la cabeza.
Los tres amigos se pusieron a buscar. Primero fueron a la jaula de los leones.
—¡Leones! —gritó Pablo. —¡Salgan a jugar!
—¡No están! —dijo Luis, mirando dentro de la jaula vacía.
Luego, fueron a buscar a los elefantes.
—¡Elefantes! —llamó Tomás. —¿Dónde están?
—¡No están aquí tampoco! —se lamentó Luis.
Finalmente, decidieron buscar a los monos.
—¡Monos! —gritaron juntos. —¡Salgan, por favor!
De pronto, escucharon risas y gritos. Los monos estaban en lo alto de un árbol, haciendo travesuras.
—¡Mira! —dijo Pablo. —¡Están jugando con las hojas!
—¡Vamos a ayudarlos a bajar! —propuso Tomás.
Los tres amigos comenzaron a hacer ruidos divertidos para llamar la atención de los monos.
—¡Bip, bip, bip! —gritó Luis.
—¡Guau, guau! —hizo Pablo.
Los monos, al escuchar los ruidos, se asomaron.
—¿Qué hacen ahí arriba? —preguntó Don Riso, riendo.
—¡Bajamos! —dijeron los monos, y empezaron a saltar de rama en rama.
Capítulo 3: La Gran Fiesta
Finalmente, los monos bajaron y se unieron a Don Riso y a los tres amigos.
—¡Gracias, amigos! —dijo Don Riso. —¡Ahora puedo hacer mi espectáculo!
Los niños estaban muy contentos de haber ayudado.
—¡Vamos a ver el circo! —gritaron juntos.
Don Riso llevó a los niños a la pista, donde todos los animales estaban listos para el espectáculo. Los leones rugieron, los elefantes bailaron y los monos hicieron piruetas.
—¡Qué divertido! —gritó Tomás.
—¡Amo el circo! —dijo Luis.
—¡Es el mejor día de todos! —exclamó Pablo.
Al final del espectáculo, Don Riso les dio un gran abrazo.
—¡Gracias por su ayuda, pequeños! —dijo. —Ahora siempre serán parte del Gran Circo de la Risa.
Y así, Tomás, Luis y Pablo regresaron a casa con una sonrisa en el rostro y un gran recuerdo en el corazón.
—¡Hasta la próxima, circo! —gritaron mientras se alejaban, felices y llenos de alegría.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.