El Gran Circo de la Risa
En un pueblito lleno de flores y colores vivían cuatro amiguitas: Ana, Lila, Luz y Sol. Un día, llegaron al pueblo unas carpas enormes y coloridas. ¡Era el circo! Las cuatro amigas estaban muy emocionadas.
—¡Vamos al circo! —dijo Ana, dando saltitos.
—Sí, sí, ¡al circo! —gritaron Lila, Luz y Sol, todas juntas.
Las mamás de las niñas las llevaron al circo, y al entrar, todo era mágico y brillante. Oían risas, música y aplausos.
El Show de las Sorpresas
Dentro del circo, había muchos artistas. Pero el que más llamaba la atención era un payaso llamado Pepito que llevaba una nariz roja muy grande y unos zapatos gigantes.
—¡Hola, niñas! —saludó Pepito, con una sonrisa enorme.
—¡Hola, Pepito! —respondieron las cuatro, riendo.
Pepito llevaba una caja misteriosa y les dijo:
—¡Aquí dentro hay una sorpresa!
El payaso abrió la caja y, ¡paf!, ¡salieron unos globos de colores que volaron por todos lados! Las niñas aplaudieron sorprendidas.
Luego, un señor alto, muy alto, se acercó. Era un malabarista llamado Juanito.
—¡Miren, miren lo que puedo hacer! —dijo Juanito.
Juanito empezó a lanzar pelotas al aire, una, dos, tres... ¡y hasta cinco! Las niñas estaban fascinadas.
—¡Wow, qué divertido! —dijo Lila, aplaudiendo con fuerza.
Juanito, al verlas tan contentas, les dijo:
—¿Quieren intentarlo?
Las cuatro amigas asintieron con entusiasmo. Juanito les dio unas pelotas pequeñitas, una a cada una.
La Gran Aventura
Ana lanzó su pelota y, ¡oh, no!, se le escapó y fue a parar a la nariz de Pepito.
—¡Ups! —rió Ana, tapándose la boca.
Pepito hizo una mueca divertida y empezó a bailar de un lado a otro, haciendo reír a todos.
Lila lanzó su pelota y cayó en el sombrero de un mago que estaba cerca.
—¡Abracadabra! —dijo el mago, sacando un conejo del sombrero junto con la pelota de Lila.
—¡Qué magia tan graciosa! —exclamó Lila, dando palmaditas.
Luz lanzó su pelota, que rebotó y rebotó hasta caer en un cubo de agua.
—¡Splash! —hizo el agua, salpicando a Luz.
—¡Agua fresquita! —rió Luz, secándose con sus manitas.
Finalmente, Sol lanzó su pelota, que rodó y rodó hasta llegar a un perrito que la tomó con su boca.
—¡Guau, guau! —ladró el perrito, moviendo la cola de alegría.
Las niñas no podían parar de reír. Juanito y Pepito se unieron con más trucos y risas.
Al final del espectáculo, las cuatro amigas se despidieron de los artistas.
—¡Gracias por el día tan divertido! —dijeron todas juntas.
Y así, con sonrisas y recuerdos mágicos, las niñas regresaron a casa, soñando con volver al circo muy pronto.