En un día soleado de primavera, el pequeño Nico, de apenas 18 meses, salió al jardín de su casa con su mamá. El cielo era azul y el aire estaba lleno de olores dulces. Nico estaba muy emocionado. "¡Mira, mamá, flores!", dijo señalando con su dedito. Había flores amarillas, rojas y azules por todas partes. La mamá sonrió y le dijo: "Sí, Nico, es primavera. Las flores despiertan y el sol brilla".
Nico se agachó para ver una mariposa que volaba cerca. La mariposa era amarilla con puntitos negros. "¡Mariposa!", exclamó Nico, siguiendo su vuelo con los ojos. La mariposa voló de flor en flor, y Nico la persiguió riendo.
Entonces, su mamá le mostró un pequeño cubo y una pala. "Vamos a plantar semillas, Nico", dijo ella. Juntos hicieron un agujerito en la tierra y pusieron una semilla dentro. "Semilla, tierra, agua", repitió su mamá. Nico repitió también, "Semilla, tierra, agua". Con una regadera pequeña, regaron el lugar donde habían plantado. "Agua, agua", decía Nico, salpicando un poco.
Luego, se sentaron en una manta a mirar el cielo. "Escucha, Nico", dijo su mamá. Había un pajarito cantando. "Pío, pío", dijo Nico, imitando al pajarito. "Sí, pajarito feliz", respondió su mamá.
El día pasó tranquilo, y al final, Nico estaba cansado, pero muy feliz. "Primavera es bonita", dijo su mamá. Nico sonrió y asintió. "Bonita", repitió.
Esa noche, mientras se dormía, Nico soñó con flores, mariposas y pajaritos. Soñó con la primavera y con lo bonita que era. Y así, aprendió a amar la naturaleza y sus cambios.
La primavera trajo alegría y nuevas aventuras para Nico, quien cada día, con su mamá, descubría algo nuevo y maravilloso en el jardín.