Érase una vez una princesa llamada LulĂş. LulĂş vivĂa en un reino encantado, lleno de árboles altos y flores de colores brillantes. Un dĂa, LulĂş decidiĂł ir al lago cristalino que brillaba como un diamante.
—¡Voy al lago! —gritĂł LulĂş con alegrĂa.
En el camino, LulĂş se encontrĂł con un pequeño duende llamado Tico. Tico tenĂa un sombrero muy grande que caĂa sobre sus ojos.
—¡Hola, Lulú! —dijo Tico, tratando de levantarse el sombrero—. ¿Dónde vas?
—Voy al lago a jugar —respondió Lulú, sonriendo.
—¡Yo quiero venir! —exclamó Tico, dando saltitos.
AsĂ, los dos amigos llegaron al lago. AllĂ, conocieron a una hada llamada Fifi. Fifi tenĂa alas de mariposa y siempre reĂa.
—¡Hola, amigos! —dijo Fifi, revoloteando alrededor de ellos—. ¿Puedo jugar?
—¡SĂ! ¡Vamos a divertirnos! —gritĂł LulĂş.
De repente, Tico tuvo una idea divertida.
—¡Vamos a hacer carreras de barquitos! —propuso.
LulĂş y Fifi estaban emocionadas. Hicieron barquitos de hojas y los pusieron en el agua.
—¡Listos, listos, ya! —gritaron juntos.
Los barquitos comenzaron a navegar. Pero, ¡oh no! El viento sopló fuerte y los barquitos fueron en todas direcciones.
—¡Ayuda! —gritó Lulú, riendo.
—¡Mis barquitos! —exclamĂł Tico, mientras corrĂa detrás de ellos.
Fifi, con sus alas brillantes, volĂł alto y atrapĂł los barquitos.
—¡Tengo todos! —dijo Fifi, riendo.
LulĂş y Tico aplaudieron.
—¡Eres la mejor, Fifi! —dijeron juntos.
Al final, los tres amigos se sentaron en la orilla y rieron mucho.
—¡QuĂ© divertido dĂa! —dijo LulĂş.
Y asĂ, LulĂş, Tico y Fifi siguieron jugando y creando risas en el reino encantado. Fin.