Érase una vez una niña muy pequeña. Se llama Luna. Tiene dos años. Es Nochebuena.
Fuera cae nieve, nieve, nieve. Dentro hay luz, luz, luz. Suena “clin, clin” una campana. En el salón está el árbol. Es un árbol verde. Brilla, brilla, brilla. Hay velas suaves. Hacen “pim, pam” de luz.
Luna mira una bola roja. La bola dice “tin, tin” al moverse. Luna la toca con un dedo. “Hola”, dice Luna. La bola brilla como un sol chiquito.
En la mesa hay pan dulce. Huele rico. Muy rico. La casa huele a abrazo.
Luna ve una vela. La vela tiembla un poco. Luna sopla suave, muy suave. La vela baila. “Baila, baila”, dice Luna. Mamá sonríe. “Suave, Luna”, dice mamá. Papá responde: “Sí, suave”.
Luego Luna oye un “toc, toc” pequeño. Es la ventana. No es fuerte. Es como un beso. Luna se acerca. En el vidrio hay un copo de nieve. Es blanco. Es redondo. Es como una estrellita.
El copo se queda un momento. Luna lo mira. “Hola, copo”, dice Luna. El copo parece decir “shhh”. Luna también dice “shhh”. La casa queda calma.
La campana vuelve: “clin, clin”. El árbol vuelve: verde, verde. Las velas vuelven: luz, luz. La nieve sigue: nieve, nieve.
Mamá toma a Luna en brazos. Papá trae una manta. La manta es suave. Luna se siente calentita. En el árbol hay una estrella arriba. La estrella brilla y brilla.
“Es Navidad”, dice mamá. “Sí, Navidad”, responde Luna.
Luna cierra un poco los ojos. Oye “clin, clin” lejos. Ve luz, luz. Siente calor, calor. Todo es dulce, dulce.
Antes de dormir, Luna da un beso a mamá y a papá. “Buenas noches”, dice Luna. Y la casa canta bajito, como un villancico: nieve, campana, árbol, velas.
Moraleja: Cuando somos suaves y compartimos calor, la Navidad brilla en el corazón.