Érase una vez, en una noche fría de Navidad, una niña pequeña llamada Lucía. Lucía llevaba un abrigo rojo y caminaba despacito con su osito de peluche. La nieve caía suave, suave, como un beso en la mejilla. “Mira, osito, la nieve baila”, dice Lucía y sonríe.
Las campanas suenan. Ding, dong, ding. El árbol de Navidad brilla fuerte en la ventana de la casa. Lucía se acerca y ve muchas luces. “¡Qué bonitas luces, osito!”, dice Lucía. Una vela pequeña parpadea junto al árbol. Lucía sopla suave y la vela baila, no se apaga, solo baila con alegría.
Mamá aparece con una manta y dice: “Ven, Lucía, vamos a estar calentitos.” Lucía se sienta con mamá, el osito y la manta. Afuera, la nieve sigue cayendo. La casa está llena de paz. Lucía escucha la canción de las campanas: “Ding, dong, ding, Navidad está aquí.”
Todo es suave, todo es seguro. Lucía abraza a mamá y susurra: “Feliz Navidad, mamá.” Mamá sonríe.
Al final, todos se quedan juntitos y muy contentos.
La moraleja es: Cuando estamos juntos, la Navidad brilla más fuerte.