Érase una vez un pequeño niño llamado Luis. Luis tenía cuatro años y le encantaba la Navidad. Un día, mientras la nieve caía suave y silenciosa, Luis se puso sus botas y su bufanda roja. Salió al jardín donde los copos de nieve bailaban en el aire.
En el centro del jardín, había un gran árbol de Navidad. Luis lo miraba con ojos brillantes. Las luces del árbol parpadeaban como estrellas en el cielo. Luis puso unas campanas doradas en las ramas. "¡Ting, ting!", decían las campanas, llenando el aire de música.
Luis vio una pequeña caja a los pies del árbol. La abrió con cuidado. Dentro, había una vela roja. Luis la encendió y la puso bajo el árbol. La luz de la vela hacía brillar las bolas del árbol, y todo se veía mágico.
De repente, una suave voz dijo: "Gracias, Luis". Luis miró a su alrededor y vio un pequeño duende con un gorro verde. El duende sonrió. "Gracias por hacer que el árbol brille", dijo el duende.
Luis sonrió también. "De nada", respondió.
Las campanas sonaban, la nieve caía, y el duende bailaba feliz alrededor del árbol. Luis sintió que su corazón estaba lleno de alegría.
Cuando llegó la noche, Luis entró en su casa. Miró por la ventana y vio el árbol brillando en la oscuridad.
La Navidad es un tiempo de luz y amor.