La llegada del Lutin Farceur
Marina tenía seis años y una risa contagiosa. Vivía en un barrio donde las casas ya brillaban con luces de Navidad, y los árboles estaban llenos de bolas doradas y lazos rojos. Una mañana, mientras ponía su bufanda azul, Marina notó algo curioso en la mesa del salón: ¡una carta escrita con letras saltarinas!
—¡Mamá, mamá, ven! ¡Hay una carta mágica! —gritó Marina emocionada.
Su mamá se acercó sonriendo. La carta decía: "Querida Marina, vengo desde el Polo Norte. Me llaman Lutin Farceur, el Lutin Farceur de la Navidad. ¡Me gusta jugar, reír y hacer pequeñas travesuras! Hoy, tengo un jueguito para ti. ¿Te atreves?"
Marina miró a su madre y juntas gritaron: —¡Sí, nos atrevemos!
El Lutin Farceur apareció de repente, pequeño y vestido de rojo y verde, con una gorra puntiaguda y una bufanda que le tapaba la nariz. Saludó muy formal:
—¡Buenos días! Es un placer conocerte, Marina.
Marina le ofreció una galleta, y el lutin, con voz traviesa, susurró:
—Hoy voy al banco del parque. ¡Voy a esconder tu lápiz favorito! ¿Podrás encontrarlo?
Marina asintió sonriente. ¡Qué divertido sería ese día!
Una travesura en el banco
El aire frío bailaba entre los árboles cuando Marina llegó al parque. Su mamá la acompañaba, y el Lutin Farceur saltaba entre los arbustos, riendo bajito.
—¡Vamos, Marina! —decía el lutin—. ¿Listos para jugar?
En el banco del parque, había huellas de purpurina y caramelos. El lutin giró alrededor del banco tres veces, dejando caer una risita tras otra.
Marina buscó entre los tablones: debajo del banco, entre los cojines, incluso dentro de su bolso. Pero nada de lápiz. El lutin, con voz misteriosa, repetía su refrán favorito:
—¡Busca con alegría, busca con amor, el lápiz está cerca, sí, señor!
Marina miró al lutin y preguntó:
—¿Puedes darme una pista pequeñita?
El Lutin Farceur le guiñó un ojo:
—Piensa en lo que más le gusta a la Navidad…
Marina se quedó pensando y empezó a cantar una canción de Navidad. Y entonces, ¡encontró un lazo rojo atado en el respaldo del banco!
Desató el lazo y allí estaba… ¿un lápiz? No, era una pluma de colores.
Marina se rió:
—¡Eso no es mi lápiz, Lutin Farceur! ¡Eres un bromista!
El lutin saltó y aplaudió:
—¡Bien hecho, has encontrado la pista! Pero tu lápiz, aún sigue escondido…
El susurro misterioso
Apenas Marina se sentó a descansar un poquito, oyó un susurro suave detrás de ella. Era como el viento, pero con palabras:
—Cuidado… el lápiz está a punto de desaparecer para siempre…
Marina se giró asustada. Miró a su alrededor, buscando al dueño del susurro. El Lutin Farceur también parecía inquieto.
—¿Tú has escuchado ese susurro? —preguntó Marina bajito.
El lutin negó con la cabeza, pero de repente se puso serio.
—Tal vez alguien más quiere quedarse con tu lápiz, Marina. ¡Vamos, hay que buscar rápido!
Marina empezó a buscar otra vez, con más energía, mientras su corazón latía fuerte. Esta vez, miró por detrás del banco, debajo de una montaña de hojas secas y, al lado de unos pequeños bastones de caramelo, vio algo brillante.
—¡Mi lápiz! —gritó muy feliz.
Pero cuando lo tomó, el lápiz tenía pegada una notita. Decía: "Para Marina, que sabe buscar y nunca se rinde. —El Lutin Farceur".
Marina abrazó el lápiz y al lutin. El susurro ya no se escuchaba. Todo se volvió alegre otra vez.
Un gesto navideño
Ya de regreso en casa, Marina y su mamá prepararon chocolate caliente. El Lutin Farceur, sentado en la mesa, miraba a Marina con una gran sonrisa. Entonces, Marina le dijo agradecida:
—Gracias, Lutin Farceur, por el juego y por las sorpresas. Eres muy divertido y siempre eres muy educado.
El lutin se puso de pie, se quitó la gorra y, haciendo una reverencia, respondió:
—Gracias a ti, Marina, por jugar y por buscar siempre con una sonrisa. ¡Tienes mucha creatividad! Eso es lo que hace la Navidad mágica.
Marina lo abrazó con cariño. El Lutin Farceur, antes de irse, dejó en la mesa un pequeño dibujo hecho con el lápiz escondido: era un árbol de Navidad lleno de estrellas.
—Para que nunca olvides que puedes crear cosas maravillosas, Marina —susurró el lutin.
Después, el Lutin Farceur desapareció entre chispas doradas, dejando la casa llena de risas y dulces recuerdos.
Marina miró su dibujo y pensó: "Siempre buscaré con alegría, siempre crearé con amor". Y así, la magia de la Navidad siguió brillando en su corazón.