Kiko es un pequeño koala. Kiko lleva mucho tiempo aprendiendo karate. Le gusta saltar. Le gusta girar. Le gusta escuchar: “¡Muy bien, Kiko!”
Hoy es un día especial. Viene un gran campeón: Ryu, el dragón azul. Ryu sonríe y dice:
—Hola, Kiko. Vamos a entrenar juntos.
Kiko aplaude con sus patitas.
—¡Sí, Ryu! ¡Quiero aprender!
Ryu enseña nuevos movimientos.
—Mira, Kiko, así se salta alto.
Kiko mira la colchoneta alta. Es grande.
—Tengo miedo, Ryu. Es muy alto.
Ryu se sienta con Kiko.
—No pasa nada, Kiko. El karate es divertido. Si tienes miedo, podemos hacerlo juntos.
Kiko respira despacio.
—¿Me ayudas, Ryu?
—Claro, Kiko. Yo estoy contigo.
Kiko sube con Ryu. Kiko mira abajo. Siente un poco de miedo.
—Ryu, ¿y si me caigo?
—Yo te sostengo. No estás solo.
Kiko salta con Ryu. ¡Toc! ¡Plaf!
Kiko cae suave en la colchoneta.
—¡Sí! —grita Kiko— ¡Lo logré!
Ryu le da una palmadita.
—Muy bien, Kiko. El karate es mejor con amigos.
Kiko sonríe.
—Me gusta el karate. Aprendo cosas nuevas. Juego con amigos. Juntos somos más fuertes.
Kiko siente alegría. El miedo se va. Con Ryu, todo es posible.