Un día, un pequeño zorro llamado Zorrito bailaba. ¡Bailaba y saltaba! "¡Mira cómo bailo!", decía Zorrito. Tenía mucha energía. A Zorrito le encantaba moverse.
Un día, llegó un gran campeón de baile. Era una hermosa mariposa. "Hola, Zorrito", dijo la mariposa. "Voy a enseñarte a bailar". Zorrito sonrió. "¡Sí, por favor! ¡Quiero aprender!".
Zorrito y la mariposa bailaban juntos. "Baila así", decía la mariposa. Zorrito movía sus patas. "¡Así, así!", gritaba. Zorrito se sentía feliz. Bailaba en el prado. Todos los animales miraban. "¡Qué bien baila Zorrito!", decían.
Un día, mientras bailaba, Zorrito se torció una pata. "¡Ay!", gritó Zorrito. No podía bailar. La mariposa voló cerca. "No te preocupes, Zorrito", dijo. "Descansa un poco. Mañana será mejor".
Zorrito se sintió triste. "No puedo bailar", pensó. Pero la mariposa sonrió. "Recuerda, Zorrito, todos aprendemos y mejoramos. ¡Tú puedes!".
Zorrito descansó y volvió a intentarlo. "¡Bailaré otra vez!", dijo. Con el tiempo, Zorrito mejoró. "¡Mira cómo bailo!", gritó al final.
Zorrito aprendió que con esfuerzo y ayuda de amigos, todo es posible. Y así, Zorrito bailó feliz, siempre con su gran amiga la mariposa. Todos los animales aplaudieron y bailaron juntos. ¡Qué alegría!