Pablo es un niño muy activo. Le encanta correr y jugar. Todos los dĂas, Pablo va al club de handball. Sus amigos están allĂ. Ellos son LĂa, Tomás y SofĂa. Juntos, son un gran equipo.
“¡Vamos a jugar!” dice Pablo. “¡SĂ!” responden todos. Ellos se rĂen y corren a la cancha. La pelota es grande y colorida. Es divertida.
Pablo dribla la pelota. Corre rápido. “¡Mira, LĂa!” grita. LĂa atrapa la pelota. “¡Buen trabajo, Pablo!” dice LĂa. Pablo sonrĂe. Todos están felices.
Un dĂa, un campeĂłn viene a verlos. Se llama Carlos. Carlos es alto y fuerte. “¿Pueden jugar como yo?” pregunta Carlos. “¡SĂ!” dice Pablo. “¡Podemos jugar mejor!”
El equipo se siente un poco nervioso. “Vamos a intentarlo”, dice Tomás. “SĂ, juntos somos fuertes”, dice SofĂa. Pablo asiente. “¡Vamos equipo!”
Empiezan a jugar. Carlos observa. Pablo corre, pasa la pelota a LĂa. LĂa lanza. ¡Gol! Todos saltan de alegrĂa. “¡Lo hicimos!” gritan.
Carlos sonrĂe. “¡Buen trabajo, equipo! Juegan con mucho corazĂłn”, dice. “Sigan asĂ. El juego es para divertirse y ayudar a los demás”.
Pablo se siente orgulloso. “Gracias, Carlos”, dice. “Jugamos juntos y nos ayudamos”. “SĂ, siempre juntos”, dice SofĂa. “¡Es más divertido!” agrega Tomás.
El sol brilla. El equipo sigue jugando. RĂen, corren y se ayudan. Pablo se siente feliz en su equipo. “¡El deporte es genial!” dice. Todos aplauden.
Al final del dĂa, Pablo va a casa. “Hoy fue un gran dĂa”, piensa. “El deporte es amistad y alegrĂa”. Pablo sonrĂe. “Mañana jugaremos otra vez”.