Era un día soleado. El oso Tito despertó. "¡Es primavera!", dijo Tito. Estaba muy feliz. Miró por la ventana. "¡Mira las flores!", exclamó. Las flores eran amarillas, rosas y azules. "¡Quiero jugar afuera!", gritó Tito.
Tito salió corriendo. "¡Hola, mariposa!", saludó. La mariposa voló. Tito la siguió. "¡Ven aquí, mariposa!" La mariposa danzaba en el aire. Tito sonrió. "¡Es divertida!"
Tito encontró a sus amigos. "¡Hola, amigos!", dijo. "Vamos a buscar tesoros." Sus amigos eran la ardilla Lila y el conejo Paco. "¡Sí, vamos!", dijeron ellos.
Fueron al parque. "Miren bajo los árboles", dijo Tito. "¡Busquemos!" Lila encontró una piedra brillante. "¡Mira esta piedra!", gritó. "¡Es hermosa!" Paco encontró una hoja grande. "¡Miren mi hoja!", dijo. Tito encontró una flor roja. "¡Es mi tesoro!", dijo feliz.
Después de jugar, Tito dijo: "Vamos a dibujar". Todos se sentaron. Lila dibujó una mariposa. "¡Mira mi mariposa!", dijo. Paco dibujó un conejo. "¡Miren mi conejo!", dijo. Tito dibujó un sol. "¡Es un día lindo!", dijo.
El sol brillaba. Tito miró a sus amigos. "¡Qué divertido es jugar en primavera!", dijo. "¡Sí!", gritaron Lila y Paco.
Cuando el sol se escondió, Tito dijo: "Gracias por un día bonito". "¡Hasta mañana!", dijeron los amigos. Tito sonrió y se fue a casa.
En casa, su mamá lo abrazó. "¿Te divertiste, Tito?", preguntó. "¡Sí, mamá! ¡La primavera es maravillosa!", respondió Tito.
Y así, Tito se durmió, soñando con flores y mariposas.