En el centro del salón, Sofía salta con sus zapatillas de lunares. Hoy es un día especial: la abuela ha anunciado el Gran Reto Imposible. “¿Quién puede ponerle un sombrero a Coco, el gato dormilón?” pregunta la abuela entre risas. Sofía abre los ojos muy grandes. Coco nunca deja que nadie lo toque cuando duerme.
Sofía piensa un momento. Mira a Coco, hecho una bola sobre la alfombra, soñando quizás con ratones de chocolate. Se rasca la cabeza. ¡Es un desafío muy grande! Pero a ella le encantan los desafíos.
Primero, va corriendo donde su hermanito Tomás. “Tomás, ¿me ayudas a ponerle el sombrero a Coco?”. Tomás sonríe. “¡Sí, pero solo si me dejas el sombrero después!”. Sofía asiente rápido, porque lo importante es la misión.
Recogen un sombrero verde de peluche. Caminan en puntitas, como dos ratoncitos. Sofía lleva el sombrero y Tomás una pluma para hacerle cosquillas al gato si se despierta. Pero cuando están llegando, ¡Tomás estornuda! “¡Aaaachú!”. Coco mueve una oreja y Sofía se frena en seco. El gato se da media vuelta y sigue durmiendo. Los hermanos se miran con ojos de plato y empiezan a reírse bajito.
“¡Necesitamos más ayuda!”, susurra Sofía. Rápido va a buscar a su amiga Lucía, que está dibujando en la terraza. “Lucía, ¿quieres hacer algo imposible con nosotros?” Lucía salta. “¡Sí, sí!”. Vuelven los tres, ahora con una cuerda de colores para decorar el sombrero.
Piensan un plan. Lucía hará un dibujo de un ratón, Tomás usará la pluma y Sofía llevará el sombrero. Caminan despacio, el suelo cruje un poquito y Bob, el perro, mueve la cola curioso. “¿Qué hacen?” pregunta Bob. Sofía sonríe. “¡Un reto imposible! ¿Te unes?” Bob ladra bajito. “Guau-guau, ¡vale!”
Bob se tumba cerca de Coco y empieza a roncar fuerte, como un trenecito. Los niños se ríen, ¡qué ruido! Pero Coco ni se inmuta; parece que duerme aún más fuerte.
Lucía le enseña a Coco su dibujo de ratón. “Mira, Coco, un ratón para ti”. Coco entreabre un ojo y lo cierra rápido. A él le gusta dormir más que los ratones.
Sofía se acerca con el sombrero. Siente mariposas en la barriga. Lo pone muy despacito sobre la cabeza de Coco, pero el sombrero es grande y blandito, ¡y se le cae justo encima del gato!
De repente, Coco se despierta, pero no se asusta. Mira a su alrededor, ve el sombrero y se queda muy quieto. Los niños aguantan la risa. Coco bosteza y ¡se pone a ronronear! Parece que el sombrero es suave y le gusta.
Sofía da un saltito de alegría. “¡Lo logramos! ¡Un reto imposible es posible si lo intentamos juntos!” Tomás aplaude, Lucía baila y Bob se da vueltas con las orejas en alto.
La abuela aplaude también. “¡Bravo, campeones! ¡Sois un gran equipo!” Sofía abraza a todos, incluso a Coco, que ahora lleva su sombrero como un rey.
Desde ese día, Coco duerme con su sombrero verde de peluche, y cada vez que Sofía ve un reto difícil, sonríe pensando: “Nada es imposible si lo intento con amigos”.
Y así, todos se relajan contentos mientras Coco ronronea feliz bajo su sombrero suave y divertido.