Capítulo 1: El gran desafío de Osito Bruno
—¡Mmm! ¿A qué sabe esto? —preguntó Osito Bruno, mirando un plato lleno de cosas raras y divertidas.
—¡Hola, Bruno! —dijo su amiga la rana Rita, saltando cerca—. ¿Qué tienes ahí?
—Tengo un reto, Rita. ¡Tengo que probar todos estos sabores extraños! —respondió Osito Bruno, con los ojos muy abiertos.
—¿Todos? —preguntó Rita, asustada y emocionada—. ¿Incluso el helado de zanahoria con pepinillos?
—¡Sí! Y también la sopa de plátano con queso y la mermelada de brócoli —dijo Bruno, contando con sus deditos.
—¡Guau, Bruno! Eso suena muy... ¡raro! —rió Rita—. ¿No tienes miedo?
—No, tengo mucha curiosidad. ¡Y mucha hambre! —Bruno sonrió, frotándose la barriga.
—¿Te ayudo? —preguntó Rita.
—¡Claro! Tú puedes animarme, Rita. ¡Vamos a empezar! —Bruno se relamió.
Capítulo 2: Sabores, caras y risas
—Primero, pruebo el helado de zanahoria con pepinillos —dijo Bruno, sacando una cuchara grande.
—¡Uy, qué valiente! —dijo Rita.
Bruno comió un poco y puso una cara muy graciosa. Sacó la lengua y dijo:
—¡Sabe a jardín con zapatos nuevos! —Bruno y Rita se rieron mucho.
—Ahora la sopa de plátano con queso —anunció Bruno, muy serio.
Probó la sopa y movió las orejas.
—¿Y? ¿A qué sabe? —preguntó Rita, tapándose la boca para no reír.
—¡Sabe a abrazo de mono y vaca bailando! —dijo Bruno, haciendo una danza tonta.
Rita aplaudió y saltó.
—¡Eres muy divertido, Bruno!
Bruno miró la mermelada de brócoli. Era verde y temblaba en el plato.
—¿Preparado? —preguntó Rita.
—¡Preparadísimo! —dijo Bruno, y se metió una cucharada en la boca.
Bruno se quedó muy quieto. Rita lo miró con ojos grandes.
—¿A qué sabe, Bruno?
Bruno pensó, pensó y pensó.
—¡Sabe a árbol con bufanda! —gritó, y los dos se tiraron al suelo de la risa.
Capítulo 3: Un plan muy, muy divertido
—Bruno, ¿te queda algo por probar? —preguntó Rita, limpiándose las lágrimas de risa.
—¡Sí! El pastel de zanahoria con pepinillos, sopa de plátano con queso y mermelada de brócoli… ¡todo junto! —dijo Bruno, mezclando todo en un plato gigante.
—¡Eso sí que es un reto imposible! —dijo Rita, tapándose los ojos.
Bruno miró el plato. El olor era muy raro, los colores muy locos y el sabor… ¡nadie lo sabía!
—¿Y si lo pruebo bailando? —dijo Bruno, de repente.
—¡Sí! ¡Baila, Bruno! —animó Rita.
Bruno dio vueltas, saltó, hizo una voltereta y, mientras bailaba, probó un gran bocado.
—¿Y ahora, Bruno? —preguntó Rita, muy curiosa.
Bruno se quedó pensando… y luego sonrió muy grande.
—¡Sabe a fiesta de colores, a risas y a amistad! —gritó Bruno.
Rita aplaudió muy fuerte.
—¡Has ganado el reto, Bruno! ¡Eres un campeón de los sabores raros!
Bruno se abrazó la barriga y se rió.
—¡Lo más divertido fue probarlo todo contigo, Rita! —dijo Bruno.
Rita saltó encima de Bruno y juntos rodaron por el suelo, riendo y riendo.
—¡Me encantan los retos divertidos! —dijo Bruno.
—¡Y a mí me encanta ayudarte, Bruno! —respondió Rita.
Y así, Bruno y Rita celebraron su gran reto con más risas, más bailes y una gran, gran amistad.