En un día muy especial, el pequeño Lucas se despertó con una sonrisa enorme. ¡Era el carnaval! Se puso su disfraz de león, con una melena suave y esponjosa. "Raaaw", rugió con alegría frente al espejo.
En el salón, su mamá le esperaba con galletas en forma de estrellas. "Estás listo para el desfile, mi pequeño león", dijo ella. Lucas saltó emocionado, "¡Sí, sí, sí!".
Al salir de casa, el sol brillaba y el aire estaba lleno de música. Las calles estaban decoradas con serpentinas de colores que bailaban con el viento. "¡Mira, mamá, un payaso!" gritó Lucas, señalando a un payaso que hacía globos de colores. "Pop, pop", sonaban mientras el payaso los inflaba.
Lucas vio a sus amigos vestidos de piratas y princesas. "¡Vamos a bailar!" dijo uno de ellos. Y todos comenzaron a moverse al ritmo de la música, dando vueltas y riendo.
De repente, Lucas vio un grupo de mariposas de papel revoloteando. "¡Qué bonito!", dijo, mientras intentaba atraparlas con sus manos. "¡Hop, hop!", gritaba de felicidad mientras saltaba de un lado a otro.
El carnaval terminó con una lluvia de confeti que caía del cielo como una mágica nevada de colores. Lucas, cansado pero feliz, abrazó a su mamá. "El carnaval es el mejor", dijo con una gran sonrisa.
Siempre es bueno disfrutar de la alegría que trae el carnaval.