En la calle hay banderines. Rojo, azul, verde. Suena un tambor: pum, pum. Suena una flauta: fiu, fiu. Es Carnaval.
Tres niños caminan juntos. Se llaman Leo, Nico y Tomi. Casi tienen cuatro años. Van de la mano, pasito a pasito. Sus ojos brillan.
Leo lleva una capa corta, muy suave. Nico tiene una nariz roja. Tomi trae un sombrero grande, grande. Los tres ríen: “¡Ja, ja!”
Pasa un carro con luces. Las luces hacen guiños. Una señora canta: “La la la”. Un señor toca maracas: “Cha, cha”. Los niños mueven los pies. Uno, dos. Uno, dos.
“¡Mira!” dice Leo. En el aire caen papelitos. Son como lluvia de colores. Caen en el pelo. Caen en la capa. Caen en la nariz roja. Nico estornuda suave: “¡Achís!” y se ríe. “¡Más!” responde Tomi.
De pronto, el sombrero de Tomi se gira y le tapa un ojo. Tomi se queda quieto. Leo lo pone bien, con cuidado. “Así,” dice Leo. Tomi sonríe. “Gracias,” responde.
A un lado hay una mesa con máscaras. Hay una de gato, una de sol, una de pez. Nico elige la de sol. “Soy sol,” dice. Leo elige la de gato. “Miau,” dice. Tomi elige la de pez. “Blu, blu,” dice. Los tres se miran y se parten de risa.
Luego llega la gran sorpresa: una pompa enorme, enorme. Flota lenta. Brilla. Dentro se ven puntitos de luz. “¡Magia!” dice Nico. La pompa baja y toca sus manos. Plim. Se rompe y deja un olor a limón.
La música vuelve: pum, pum, fiu, fiu. Bailan en rueda. Dan una vuelta. Dan dos. Se abrazan. El Carnaval sigue, calentito y feliz.
Moraleja: Cuando jugamos juntos y nos ayudamos, la fiesta es más bonita.