Un dĂa frĂo de invierno, un niño llamado Pablo saliĂł de su casa. "¡Hace mucho frĂo!" dijo Pablo, mientras soplaba aire en sus manos. Su mamá, que estaba con Ă©l, sonriĂł y dijo: "SĂ, Pablo. Es tiempo de jugar en la nieve."
Pablo mirĂł hacia el jardĂn. ¡HabĂa mucha nieve! "¡Mira, mamá! ¡Nieve!" gritĂł feliz. Su mamá le dio un gorro y unos guantes. "Ponte esto, Pablo. Te mantendrá calientito."
Pablo se puso el gorro. "¡Listo!" dijo. Corrieron hacia el jardĂn. La nieve crujĂa bajo sus pies. "¡Hagamos un muñeco de nieve!" propuso Pablo. Su mamá asintiĂł. "SĂ, vamos a hacerlo."
Pablo comenzó a rodar una bola de nieve. "¡Mira, mamá! ¡Es grande!" Su mamá sonrió. "Muy bien, Pablo. Ahora hagamos la cabeza." Juntos hicieron otra bola más pequeña. "¡Muñeco de nieve!" gritó Pablo, emocionado.
Pablo decorĂł el muñeco con ramas y una nariz de zanahoria. "¡Está bonito!" dijo. Su mamá lo abrazĂł. "SĂ, es un gran muñeco de nieve."
Pablo miró al muñeco. "¿Juega conmigo?" preguntó. Su mamá rió. "¡Claro! Siempre puedes jugar con él."
Cuando regresaron a casa, Pablo estaba feliz. "¡Me gusta el invierno!" dijo. Y su mamá respondiĂł: "A mĂ tambiĂ©n, Pablo. ¡Es un tiempo para jugar y reĂr!"