Era primavera. La niña Ana miraba por la ventana. "¡Mira, mamá! ¡Las flores están abiertas!", decía feliz.
Mamá sonreía. "Sí, Ana. Vamos a limpiar el jardín. ¡Es hora de preparar la primavera!"
Ana ayudaba. Quitaba hojas secas. "¿Y las flores, mamá?", preguntó.
"Mañana plantaremos nuevas flores. ¡Serán muy bonitas!", respondió mamá.
Ana saltaba de alegría. "¡Colores vivos!", gritaba.
Al día siguiente, Ana y mamá iban al vivero. Ana elegía flores rojas, amarillas y azules. "¡Quiero muchas!", decía.
Regresaron a casa. Plantaron las flores juntas. "¡Qué lindas!", decía Ana.
El sol brillaba. Las mariposas volaban. Ana sonreía. "Primavera es hermosa", decía.
Mamá abrazó a Ana. "Sí, querida. La primavera trae alegría".
Ana miraba su jardín. "¡Me gusta la primavera!", dijo con una gran sonrisa.