Luca, Ana, Tomás y SofĂa estaban muy felices. Era primavera, y el sol brillaba en el cielo. “Hoy vamos a cuidar el jardĂn”, dijo Luca con una gran sonrisa. Todos asintieron con entusiasmo.
“¡Vamos a plantar flores!”, gritó Ana. “Me encantan las flores de colores”.
“Yo quiero ver mariposas”, añadió Tomás. “Las mariposas vienen cuando hay flores”.
“SĂ, y tambiĂ©n podemos hacer una casita para las hormigas”, dijo SofĂa. “A ellas les gusta vivir en el jardĂn”.
Los cuatro amigos corrieron hacia el jardĂn. AllĂ, habĂa tierra suave y fresca. “Miren, aquĂ hay muchas semillas”, dijo Luca, señalando un pequeño paquete. “¿SabĂ©is quĂ© semillas son?”.
“Son semillas de girasoles”, respondió Ana, emocionada. “Son muy altas”.
“Vamos a plantar algunas”, sugirió Tomás. “¿Quién tiene las manos limpias?”.
“Yo tengo las manos limpias”, dijo SofĂa, levantando las manos al aire. “¡Yo quiero ayudar!”.
Luca, Ana, Tomás y SofĂa se pusieron a trabajar. Con mucho cuidado, hicieron pequeños agujeros en la tierra. “AsĂ”, dijo Luca, “ponemos las semillas y luego tapamos”.
“¡Qué divertido!”, exclamó Ana. “Mira, yo tengo una semilla en mi mano”.
“Es muy pequeña”, observó Tomás. “Pero crecerá grande y hermosa”.
DespuĂ©s de plantar las semillas, se sentaron a descansar un momento. “Miren, allĂ hay una oruga”, dijo SofĂa, apuntando a una hoja. “Está comiendo”.
“¡Qué bonita!”, dijo Ana. “Las orugas se convierten en mariposas”.
“SĂ, y debemos cuidar a la oruga”, añadiĂł Luca. “Hay que dejarle hojas para que coma”.
“Vamos a buscar más cosas en el jardĂn”, propuso Tomás. “Quizás encontremos flores”.
Los amigos se levantaron y empezaron a explorar. Vieron flores rosas, amarillas y moradas. “¡Miren estas flores!”, gritĂł Ana. “Son como un arcoĂris”.
“¡Y huelen muy bien!”, dijo SofĂa, oliendo una flor amarilla. “Me encanta el olor”.
“Las flores hacen feliz a las abejas”, dijo Tomás. “Ellas vienen a recoger el polen”.
“Podemos hacer un dibujo de todo lo que encontramos”, sugiriĂł Luca. “AsĂ recordaremos nuestro dĂa”.
Se sentaron en la hierba y sacaron colores y papel. Dibujaron flores, mariposas y la oruga. “¡Mira mi dibujo!”, dijo Ana, mostrando su hoja. “He dibujado una mariposa volando”.
“¡Y yo dibujé el sol!”, dijo Tomás. “El sol brilla en primavera”.
“Es un buen dĂa”, dijo SofĂa, sonriendo. “Estamos juntos en el jardĂn”.
Después de dibujar, decidieron hacer una casita para las hormigas. “Necesitamos palitos y hojas”, dijo Luca. “Vamos a construirla”.
Buscaron palitos y hojas por todo el jardĂn. “¡AquĂ hay un palito grande!”, gritĂł SofĂa. “Este será el techo”.
“Y estas hojas son las paredes”, añadió Ana, ayudando a encajar todo. “¡Listo!”.
Los amigos miraron orgullosos su casita de hormigas. “Espero que les guste”, dijo Tomás. “Son nuestras amigas”.
Finalmente, el sol comenzĂł a ponerse. “Ha sido un gran dĂa”, dijo Luca. “Hicimos muchas cosas”.
“SĂ, plantamos flores, dibujamos y construimos”, dijo Ana. “¡Me encanta la primavera!”.
“Y siempre hay algo nuevo que aprender”, añadiĂł SofĂa. “La naturaleza es maravillosa”.
“Vamos a venir de nuevo mañana”, sugirió Tomás. “Hay mucho más por hacer”.
Los cuatro amigos se despidieron del jardĂn, con sonrisas en sus rostros. SabĂan que la primavera traerĂa más aventuras y muchas más flores que cuidar.