En el bosque, había un pequeño conejo llamado Tito. Tito estaba emocionado porque el maestro Búho había anunciado la llegada de la primavera.
"¿Qué es la primavera, maestro?" preguntó Tito con curiosidad.
"Es una estación muy especial", explicó el maestro Búho. "Las flores florecen, los árboles se llenan de hojas verdes, y el sol brilla más tiempo".
Tito movió sus orejas con entusiasmo. "¿Podemos ir a ver las flores?"
"Sí", dijo el maestro Búho. "Hoy iremos al jardín de la escuela. Vamos a plantar semillas".
"¿Semillas?" preguntó Tito, con los ojos muy abiertos.
"Sí, Tito. Las semillas crecen y se convierten en flores", explicó el maestro Búho.
Tito saltó de alegría. "¡Yo quiero plantar una flor!"
Todos los animalitos del bosque se reunieron en el jardín. Tito tenía una pequeña semilla en su pata. "¿Qué hago ahora, maestro?"
"Primero, haz un huequito en la tierra", dijo el maestro Búho.
Tito usó su patita para hacer un agujero suave. "¡Listo!"
"Ahora, pon la semilla dentro", dijo el maestro Búho.
Tito dejó caer la semilla en el agujero. "¡Hecho!"
"Finalmente, cúbrela con tierra y dale agua", dijo el maestro Búho.
Tito cubrió la semilla con tierra y le echó un poquito de agua. "¡Ya está!", exclamó Tito feliz.
"Ahora, debemos esperar y ver cómo crece", explicó el maestro Búho. "La primavera nos enseña a ser pacientes".
Cada día, Tito visitó su semilla. Y un día, vio una pequeña planta. "¡Está creciendo!", gritó Tito.
"Sí", dijo el maestro Búho, sonriendo. "La primavera es mágica. Nos muestra cómo la naturaleza despierta".
Tito miró su planta con orgullo. "¡Me encanta la primavera!"