CapĂtulo 1: El jardĂn mágico
En un pequeño pueblo lleno de color, vivĂan tres amigas: LucĂa, MarĂa y Ana. Ellas adoraban jugar juntas en el jardĂn de la abuela de LucĂa. Un dĂa, LucĂa dijo muy emocionada:
—¡Chicas, la abuela dijo que podemos ayudarla a preparar el jardĂn para la primavera!
MarĂa aplaudiĂł con sus manitas y respondiĂł:
—¡SĂ! Quiero ver las flores bonitas.
Ana sonriĂł y agregĂł:
—Y también podemos ver a las mariposas.
Las tres niñas se pusieron sus sombreros de colores y corrieron hacia el jardĂn. La abuela las esperaba con una gran sonrisa y un montĂłn de herramientas de jardĂn.
—Bienvenidas, mis pequeñas jardineras —dijo la abuela—. Hoy aprenderemos a cuidar las plantas y las flores.
Las niñas miraron a su alrededor. HabĂa muchas plantas y flores por todos lados. LucĂa señalĂł una flor amarilla y preguntĂł:
—Abuela, ¿cómo se llama esta flor?
La abuela respondiĂł:
—Esa es una margarita, LucĂa. Las margaritas son muy alegres y les encanta el sol.
MarĂa, que estaba mirando una planta diferente, preguntĂł:
—¿Y esta planta, abuela?
La abuela sonriĂł y dijo:
—Esa es una lavanda, MarĂa. Huele muy bien y a las abejas les encanta.
Ana se acercĂł a una mariposa que volaba cerca y exclamĂł:
—¡Miren, una mariposa!
La abuela explicĂł:
—Las mariposas son amigas del jardĂn. Ayudan a las flores a crecer.
CapĂtulo 2: Manos a la obra
La abuela les dio a cada una una pequeña regadera y les dijo:
—Vamos a regar las plantas. El agua es muy importante para que crezcan fuertes y sanas.
LucĂa llenĂł su regadera y comenzĂł a regar las margaritas. MarĂa hizo lo mismo con las lavandas, mientras Ana regaba las pequeñas plantas de tomate.
—¡Miren cĂłmo brillan las hojas! —dijo LucĂa, feliz.
La abuela les mostrĂł cĂłmo plantar semillas en la tierra:
—Primero, hacemos un pequeño agujero. Luego, ponemos la semilla y la cubrimos con tierra. Después, le damos un poco de agua.
Las niñas siguieron las instrucciones de la abuela con mucho cuidado. MarĂa plantĂł girasoles, Ana plantĂł zanahorias y LucĂa decidiĂł plantar más margaritas.
CapĂtulo 3: La magia del jardĂn
Pasaron varias semanas, y las niñas regresaron al jardĂn de la abuela. Estaban muy emocionadas por ver lo que habĂa pasado con las semillas que plantaron.
—¡Miren, miren! —gritó Ana—. ¡Las zanahorias están creciendo!
MarĂa señalĂł los girasoles que comenzaban a asomar sus cabezas hacia el sol.
—¡Y los girasoles también! —dijo con una gran sonrisa.
LucĂa mirĂł las margaritas y exclamĂł:
—¡Son tan bonitas, abuela! ¡Lo hicimos!
La abuela las abrazĂł y les dijo:
—Estoy muy orgullosa de ustedes, mis pequeñas jardineras. Han ayudado a la naturaleza a crecer y florecer.
Las niñas sonrieron y se sentaron en la hierba, rodeadas de flores y mariposas. HabĂan aprendido que la primavera era una Ă©poca mágica, llena de vida y color. Y lo mejor de todo, lo habĂan hecho juntas, cuidando de su pequeño jardĂn.
—Me gusta el jardĂn —dijo MarĂa.
—A mà también —agregó Ana.
LucĂa asintiĂł y concluyĂł:
—La primavera es hermosa.
Las tres amigas, junto con la abuela, se quedaron en el jardĂn, disfrutando del sol y la suave brisa del maravilloso dĂa de primavera.