Había una vez, un grupo de cuatro niñas, muy felices y risueñas. Sus nombres eran Ana, María, Luisa y Sofía. Un día, justo antes del carnaval, Ana encontró un misterioso paquete en su puerta. Era un hermoso y colorido antifaz.
"Ana, ¡qué bonito!" dijo María. "Parece mágico", dijo Luisa. "¡Póntelo, Ana!", exclamó Sofía.
Ana se puso el antifaz y, de repente, ¡todo cambió! Las niñas estaban en un mundo lleno de colores brillantes y música alegre. "¡Es un carnaval mágico!", gritó Ana emocionada.
Había globos de todos los colores flotando en el aire, payasos que hacían reír, y mariposas que bailaban alrededor de ellas. "¡Miren, miren!", dijo Luisa, señalando a un elefante rosa que caminaba con gracia.
"¡Qué divertido!" dijo María, mientras un pájaro verde volaba sobre sus cabezas, dejando un rastro de estrellas.
Las niñas bailaban y reían juntas, rodeadas de amigos nuevos que conocieron en el carnaval. "¡Hola!", saludó una tortuga que llevaba un sombrero de flores. "¡Bienvenidas al carnaval mágico!"
"Gracias, tortuga", respondieron las niñas al unísono, felices de compartir esta fiesta.
El tiempo pasó volando y, al caer la noche, el antifaz comenzó a brillar. "Es hora de volver", dijo Ana. Todas se tomaron de las manos, cerraron los ojos, y al abrirlos estaban de nuevo en casa.
"¡Qué día tan maravilloso!", dijo Sofía. "Sí, fue mágico", añadió Luisa.
Las niñas se abrazaron, sabiendo que siempre recordarían su aventura en el carnaval mágico. Y así, felices, se fueron a dormir, soñando con el próximo carnaval.