Era un día brillante en el parque. ¡Era el carnaval! Un niño llamado Pablo, de tres años, estaba muy emocionado. Tenía un disfraz de león. ¡Rugía! "¡Rugido, rugido!", decía Pablo.
El parque estaba lleno de colores. Había globos rojos, azules y verdes. "¡Mira, un globo!", decía Pablo. Su amiga Clara, vestida de mariposa, volaba a su lado. "¡Soy una mariposa!", gritaba ella.
Pablo y Clara fueron a un stand de pintura. "¡Pinta mi cara!", pidió Pablo. "¡Sí!", dijo Clara. Ambos se sentaron. "¡Ahora soy un león pintado!", reía Pablo. "¡Y yo una mariposa brillante!", decía Clara.
Después, fueron a un juego de aros. "¡Tira el aro, Pablo!", animaba Clara. Pablo lanzó el aro. ¡Zas! ¡Cayó en la botella! "¡Bien hecho, león!", aplaudía Clara.
Luego, saltaron en una cama elástica. "¡Salta, salta!", gritaba Pablo. "¡Soy un león que salta alto!", decía él. Clara reía y saltaba también. "¡Soy una mariposa que vuela alto!", decía.
Al final del día, Pablo y Clara estaban cansados pero felices. "¡Fue un gran carnaval!", dijo Pablo. "¡Sí!", respondió Clara. "¡Vamos a volver el próximo año!"
Pablo sonrió. "¡Rugido, rugido! ¡Hasta pronto, carnaval!"