Mateo camina despacio, con un sombrero muy grande. ¡Toc, toc, toc! Sus zapatos hacen ruido en el suelo del parque. Hoy es carnaval. Hay globos de muchos colores, música y risas. Mateo sonríe.
—¡Mira, mamá! —dice Mateo—. ¡Un payaso baila!
El payaso salta y saluda. Mateo aplaude. Hay niños con disfraces de león, mariposa y pirata. Mateo lleva un disfraz de rana. Es verde, muy suave y con una gran barriga.
—¡Ribbit, ribbit! —dice Mateo.
Un amigo, Pablo, llega disfrazado de sol. Su cara brilla. —¡Vamos juntos! —dice Pablo.
Mateo y Pablo caminan. Ven un puesto de burbujas. —¡Burbujas! —grita Mateo. Soplan juntos, las burbujas vuelan. ¡Qué divertido!
De pronto, escuchan: —¡Concurso de disfraces! ¡Vengan todos!
Mateo y Pablo se miran. Van de la mano. En el escenario, una señora sonríe. —¿Quién quiere mostrar su disfraz? —pregunta.
Mateo salta. —¡Yo! —dice fuerte.
Mateo hace “ribbit, ribbit”, Pablo gira y brilla. Todos los niños aplauden, todos ríen. Mateo se tropieza, rueda, y Pablo lo ayuda. Se abrazan. —¡Somos un equipo! —dice Mateo.
Al final, todos reciben una medalla. —¡Bravo! —dice la señora.
Mateo está feliz. El carnaval es mágico, y juntos, todo es más divertido.