En el bosque, Lila la ardilla se despierta en su nido calentito. El sol de otoño entra suave por las ramas y hace brillar las hojas de mil colores. Hay hojas rojas, naranjas y amarillas. Lila se estira y sonríe. “Hoy el bosque huele diferente”, piensa.
Salta de su árbol y siente el aire fresquito en las mejillas. Mira hacia abajo. El suelo está cubierto de hojas crujientes. Lila baja despacito, saltando de rama en rama, hasta llegar al suelo. Sus patitas hacen crac-crac sobre las hojas.
Lila escucha a su amiga, la tortuga Tina, que viene despacio. Lleva una hoja naranja sobre el caparazón. “¡Buenos días, Lila!”, dice Tina con voz dulce. “¿Has visto cuántos colores tiene el bosque hoy?”
Lila asiente feliz. “Sí, Tina. El otoño pinta el bosque de alegría”, contesta. Las dos amigas observan cómo caen hojas del árbol grande. Bailan en el aire, girando y girando, como si jugaran.
“¿Te gustaría buscar más hojas bonitas conmigo?”, pregunta Lila.
Tina sonríe. “¡Claro! Me gusta mucho el color de las hojas en otoño.”
Van juntas por el sendero. Lila recoge una hoja roja y Tina una amarilla. Las miran de cerca. “Mira, Tina, esta hoja parece una estrella.” Tina responde: “La mía parece un sol pequeño.”
Mientras caminan, escuchan a Pablo el conejo. “¡Hola, amigas! ¿Qué hacéis?”, pregunta curioso.
Lila le muestra sus hojas. “Recogemos hojas de colores para hacer un montón grande.”
Pablo salta contento. “¿Puedo ayudar?”
“¡Sí!”, dice Lila. “Cuantos más seamos, más bonito será el montón.”
Juntos buscan hojas suaves, hojas pequeñas y hojas grandes. Aromas a tierra mojada llenan el aire. Se ríen cuando una hoja vuela y cae sobre la nariz de Tina. “¡Eso hace cosquillas!”, dice Tina y todos ríen.
De repente, Lila se para y respira hondo. “Huele a castañas”, dice despacito.
Pablo olfatea el aire. “Sí, quizás el viento trae el olor del campo.”
Lila cierra los ojos. “Otoño sabe a cosas ricas y huele a bosques dulces”, dice.
Tina toca el suelo. “Y las hojas son suaves y crujientes a la vez. Me gusta caminar sobre ellas.”
El sol brilla suave entre las ramas. Los amigos siguen buscando hojas. El montón crece, cada vez más alto y colorido. Deciden sentarse alrededor del montón. Lila se siente feliz y tranquila.
“¿Jugamos a adivinar a qué sabe el otoño?”, pregunta Lila.
Pablo piensa. “Para mí, otoño sabe a manzanas jugosas.”
Tina dice: “Y a sopa caliente en casa.”
Lila sonríe. “Para mí, otoño sabe a nueces y a abrazos de amigos.”
Se quedan un momento callados, escuchando el viento que mueve las hojas. Todos están juntos y se sienten a gusto.
Lila recuerda una rima y la dice con voz suave:
“Otoño es dorado,
hojas en el suelo,
amigos a mi lado,
y el bosque con anhelo.”
Tina aplaude despacito. Pablo sonríe. “Me gusta tu poesía, Lila. El otoño es bonito porque estamos juntos.”
El sol va bajando. Los árboles parecen abrazar el bosque con sus ramas largas. Lila siente el aire más fresquito y se acurruca cerca de sus amigos. Sabe que pronto volverán a casa, pero ahora quieren disfrutar un poco más del otoño.
“Gracias por este día”, dice Lila bajito. Tina y Pablo asienten. “Gracias a ti, Lila. Nos encanta jugar contigo”, dice Tina.
Lila mira el montón de hojas. Siente alegría en el corazón. Piensa que el otoño es especial porque está lleno de colores, olores, juegos y amigos.
Pablo bosteza. “Es hora de volver a casa”, dice. Todos se despiden con un abrazo fuerte. Lila sube a su árbol, Tina va despacito por el sendero y Pablo corre hacia su madriguera.
En su nido, Lila se acurruca y piensa en las hojas, en la rima y en sus amigos. Oye el viento suave y siente paz. El otoño, piensa Lila, es un momento feliz cuando se vive con alegría y con amor.
Cierra los ojos y sueña con más días de hojas de colores y juegos con amigos, sabiendo que mañana el bosque seguirá siendo un lugar cálido y alegre.