En un lugar muy frío, había un bonito copo de nieve llamado Nieve. Nieve era suave y brillante. Flotaba en el aire y disfrutaba viendo todo lo que había a su alrededor.
—¡Mira, Nieve! —dijo su amigo, el pequeño muñeco de invierno llamado Frío—. ¡Los niños están jugando en la nieve!
Nieve sonrió. Le encantaba ver a los niños correr y divertirse. Hacían muñecos de nieve, lanzaban bolas de nieve y se deslizaban en trineo.
—Voy a hacer una obra de arte —dijo Nieve con alegría—. Quiero que todos vean lo hermoso que es el invierno.
Frío aplaudió emocionado. —¡Sí, Nieve! ¡Vamos a hacer algo especial!
Nieve comenzó a flotar suavemente hacia abajo, dejando un rastro brillante a su paso. Con cada movimiento, cubría el suelo de blanco.
—¡Mira cómo brilla todo! —dijo Frío, feliz y saliendo de su lugar.
Nieve se concentró. Hizo formas suaves con su cuerpo de nieve. Hizo un gran corazón en la nieve, rodeado de estrellas y copos de nieve.
—¡Es hermosa! —gritó Frío—. ¡Es un parque de invierno!
Los niños comenzaron a acercarse, admirando el arte de Nieve. Rieron y jugaron alrededor.
—¡Gracias, Nieve! —dijeron los niños—. ¡Nos encanta el invierno!
Nieve se sintió feliz y cálido. Sabía que el invierno era un tiempo especial para compartir risas y crear recuerdos.
—¡Viva el invierno! —gritaron todos juntos, mientras Nieve sonreía, entendiendo que el invierno es bello y divertido.