—¡Hola, Pablo! —dijo la niña Ana, con una sonrisa grande.
—¡Hola, Ana! —respondió Pablo, el médico—. ¿Cómo te sientes hoy?
—Tengo un poco de tos —dijo Ana, tosiendo suavemente.
—No te preocupes. Voy a chequearte. —Pablo sacó su estetoscopio—. Escucha tu corazón.
—¿Qué hace el médico? —preguntó Ana curiosa.
—Ayudo a las personas a sentirse mejor. —dijo Pablo—. ¡Ya estás lista para jugar!
—¡Gracias, Pablo! —gritó Ana, feliz.