Había una vez un médico llamado Pablo. Pablo trabajaba en un hospital. Le encantaba ayudar a los niños. "¡Hola, pequeños!", decía Pablo con una gran sonrisa. "Yo cuido de ustedes".
Un día, una niña llamada Ana llegó al hospital. Ana tenía un resfriado. "¡Estornudo!", decía Ana. Pablo la miró y dijo: "No te preocupes, Ana. Te ayudaré a sentirte mejor".
Pablo le dio un jarabe dulce. "Tómalo, es rico", le dijo. Ana sonrió y lo tomó. De repente, un niño empezó a llorar. "¡Ayuda!", gritó. Pablo corrió rápido. "Estoy aquí", dijo.
Con su magia de médico, calmó al niño. Todos se sintieron bien. Al final del día, Pablo estaba muy feliz. "¡Ser médico es maravilloso!", pensó. Y todos los niños también estaban contentos.