En un parque blanco y brillante, dos niñas jugaban felices. Una niña se llamaba Lila y la otra se llamaba Mia. Lila miraba al cielo.
—¡Mira, Mia! —dijo Lila—. ¡Cae nieve!
La nieve caía suave y blanca. Lila extendió sus manos.
—¡Nieve fría! —exclamó Lila.
Mia reía y extendió sus manos también.
—¡Nieve fría! —repitió Mia.
Las dos niñas saltaron en la nieve. Hicieron pequeñas huellas con sus botas. La nieve crujía bajo sus pies.
—¡Mira, Lila! —dijo Mia—. ¡Hagamos un muñeco de nieve!
—¡Sí! —respondió Lila—. Primero, bola grande.
Las niñas rodaron la nieve. Hicieron una bola grande. Luego, hicieron una bola mediana y otra pequeña.
—¡Muñeco de nieve! —gritaron las dos al mismo tiempo.
Lila puso piedras para los ojos y una zanahoria para la nariz.
—¡Qué bonito! —dijo Mia—. ¡Muñeco de nieve feliz!
Luego, Lila y Mia hicieron copos de nieve en el aire.
—¡Cae nieve! —gritó Lila, sonriendo.
—¡Cae nieve! —repitió Mia, danzando.
Las dos niñas se sentaron en la nieve. Miraron el cielo.
—La nieve es mágica —dijo Lila.
—Sí, mágica y fría —dijo Mia.
Sonrieron y se abrazaron. El invierno era un tiempo de alegría. El parque estaba lleno de risas y nieve. ¡Qué hermoso era jugar en invierno!