En un día de invierno, tres amiguitas se llamaban Sofía, Lía y Ana. Hacía mucho frío, y todo estaba cubierto de nieve blanca. Las tres niñas estaban muy emocionadas.
—¡Mira la nieve! —dijo Sofía, señalando por la ventana.
—¡Es suave y fría! —respondió Lía, tocando la nieve con sus manitas.
—¡Vamos a jugar! —gritó Ana, saltando de alegría.
Las niñas salieron al jardín. La nieve crujía bajo sus pies. Hicieron un muñeco de nieve. La nariz del muñeco era una zanahoria.
—¡Un muñeco de nieve feliz! —dijo Sofía.
—¡Sí! —gritaron Lía y Ana, riendo.
Después, miraron al cielo. Había nubes grises, pero de repente, ¡una aurora boreal apareció! Colores verdes y rosas bailaban en el cielo.
—¡Mira los colores! —exclamó Lía, asombrada.
—¡Es mágico! —dijo Ana, con los ojos grandes.
Las tres amigas se abrazaron. El invierno era hermoso. Hicieron un picnic en la nieve, comiendo galletas y bebiendo chocolate caliente.
—¡El invierno es divertido! —dijo Sofía.
—¡Sí, y lleno de magia! —respondieron Lía y Ana.
Al final del día, las niñas volvieron a casa, alegres y cansadas. Se acurrucaron en sus mantas, soñando con más aventuras de invierno. ¡El invierno era un tiempo especial para compartir y jugar juntas!