—¡Mira, Sofía! —dijo Pablo, señalando el camión rojo brillante—. ¡Es un bombero!
—¡Qué grande! —exclamó Sofía con los ojos muy abiertos.
El bombero, un hombre fuerte con un casco amarillo, se acercó.
—¡Hola, niños! Soy el bombero Carlos.
—¿Qué haces, Carlos? —preguntó Pablo.
—Apago fuegos y ayudo a la gente —respondió Carlos con una sonrisa—.
—¿Cómo apagas el fuego? —preguntó Sofía curiosa.
—Con agua y mi manguera gigante —dijo Carlos, mostrando su manguera.
—¡Wow! ¡Eso suena divertido! —dijo Pablo, saltando de emoción.
—Sí, pero también es muy importante —explicó Carlos—. ¡Siempre hay que ser valiente!
—¡Queremos ser bomberos también! —gritaron los niños.
—¡Claro! Solo recuerden siempre ayudar a los demás —dijo Carlos, sonriendo.
Los niños aplaudieron felices. ¡Quería ser bomberos como Carlos!