En la calle vive Tomás. Tomás es bombero. Hoy va a la estación con paso suave. Saluda: “Hola, casco”. “Hola, botas”, dice. Se ríe un poco.
En la estación hay un camión rojo. Brilla. Tomás lo toca. “Gracias, camión”, dice. Revisa todo: la manguera, la escalera y la linterna. “Todo listo”, responde su amigo Leo.
Suena la alarma: ¡pi-pi-pi! Tomás no se asusta. “Vamos con calma”, dice. Suben al camión. El camión hace “brrrum” bajito.
Llegan a una casa. Solo sale humo de una tostada. La mamá dice: “Ups”. Tomás sonríe: “No pasa nada”. Leo abre una ventana. Tomás apaga la tostada con un paño mojado. Luego usa un ventilador para sacar el humo. “Aire limpio”, dice.
Tomás mira la cocina. Señala la perilla y dice: “Apaga aquí”. La mamá asiente. El niño de la casa aplaude. Tomás le da un casco de juguete. “Tú puedes ayudar: avisa a un grande”, dice.
De vuelta, Tomás lava la manguera. Guarda la escalera. Se sienta y toma agua. Mira el camión y bosteza.
Moraleja: Los bomberos ayudan con calma y cuidado, y todos podemos aprender a ser prudentes.