Luna era una mujer joven. Era bombera. Esta noche, la luna brillaba suave y el barrio dormía.
En el cuartel, Luna se puso su chaqueta grande, su casco y sus botas. “Estoy lista”, dice Luna. Su amiga Ana le da una linterna. “Y agua”, responde Ana, y le pasa una manguera.
Suena la sirena, muy bajito: “pi-pi”. No asusta. Solo avisa. Luna sube al camión rojo. El camión hace “brum, brum” y va despacio por la calle.
En una casa, sale un poco de humo de la cocina. No es mucho. El pan se tostó de más. Un papá abre la ventana. “Hola, Luna”, dice. “Hola”, responde Luna.
Luna mira, huele y escucha. “Primero, calma”, dice. Ella apaga la cocina. Luego abre más la ventana. “Aire limpio”, dice. Después toma la manguera, pero no la usa. No hace falta. Ella usa un paño y limpia un poco. El humo se va.
Luna revisa el detector de humo. “Pip, pip”, hace. “Funciona”, dice Luna. “Si suena fuerte, salimos y llamamos”, explica con voz suave. También mira el horno. “No lo dejes solo”, dice, y sonríe.
El papá ríe. “Mi pan se durmió”, dice. Luna ríe también. “El pan tiene sueño”, responde.
Luna vuelve al camión. En el cuartel, guarda todo, toma agua y se sienta. “Buen trabajo”, dice Ana. Luna bosteza. “Buenas noches”, responde.
Moraleja: Con calma, cuidado y ayuda, un bombero cuida a todos y enseña a estar seguros.