Un día soleado, el bombero Pepe estaba descansando en el parque. Un niño llamado Juan se acercó curioso. "Hola, señor, ¿qué hace un bombero?", preguntó Juan.
Pepe sonrió y dijo, "Hola, Juan. Los bomberos apagamos fuegos. Ayudamos a las personas."
Juan miró asombrado. "¿Cómo apaga fuegos, señor?"
"Con agua, Juan. Mucha agua", explicó Pepe. "Usamos una manguera grande y fuerte."
"¡Guau!", exclamó Juan. "¿Y qué más hace un bombero?"
"Rescatamos gatitos de los árboles", dijo Pepe, riendo. "También ayudamos en accidentes."
Juan abrió mucho los ojos. "¿Usa un camión grande, verdad?"
"Sí, Juan", contestó Pepe. "Es rojo y tiene una sirena que hace 'uuuuh, uuuuh'."
Juan imitó la sirena, "¡Uuuuh, uuuuh!" Los dos rieron juntos.
"¿Y qué lleva puesto, señor?", preguntó Juan.
Pepe señaló su casco y botas. "Usamos casco para proteger la cabeza. Botas para caminar seguro."
"¡Eso es genial!", dijo Juan. "¿Le gusta ser bombero?"
"Sí, Juan. Me encanta. Ayudamos a todos. Somos valientes."
Juan sonrió. "Quiero ser bombero también."
"¡Eso es bueno, Juan!", dijo Pepe. "Los bomberos somos amigos. Trabajamos juntos."
"Gracias, señor Pepe", dijo Juan. "Ahora sé mucho sobre bomberos."
Pepe se levantó, feliz. "De nada, Juan. Siempre estamos aquí para ayudar."
Juan saludó a Pepe. "Adiós, señor bombero."
"Adiós, Juan", dijo Pepe. "Nos vemos pronto."
Y así, bajo el sol, Juan aprendió sobre el valiente trabajo de los bomberos.