Era un día brillante. Los niños estaban en el patio. Todos jugaban handball. "¡Vamos a jugar!" dijo Ana, una niña con gran sonrisa.
"¡Sí!" respondieron Luis y Miguel. Todos estaban emocionados. Había un nuevo amigo, Pablo. Pablo estaba en su silla de ruedas, pero también quería jugar. "¡Juguemos juntos!" dijo Pablo.
Ana, Luis y Miguel sonrieron. "¡Claro, ven aquí!" gritaron. El equipo estaba listo.
El juego empezó. Ana pasaba la pelota, Miguel corría y Luis hacía tiros. "¡Buen trabajo!" dijo Pablo. "¡Sigan así!"
Pero luego, llegó el gran rival: un equipo fuerte. Los niños sintieron un poco de miedo. "No importa," dijo Ana. "¡Jugamos juntos!"
El juego fue emocionante. Todos ayudaban. Ana pasaba, Luis defendía, y Pablo daba ánimo. "¡Vamos equipo!" decía Pablo.
Al final, ganaron. Todos saltaron de alegría. "¡Hicimos un gran trabajo!" dijeron juntos.
Aprendieron que jugar en equipo es divertido. "¡El deporte es alegría!" dijeron sonriendo.