En un parque soleado, unos niños juegan. Son amigos. Ellos son Juan, Paco y Luis. Todos tienen dos años. Les gusta correr y saltar. Hoy, el entrenador Miguel llega al parque.
—¡Hola, niños! —grita Miguel con una sonrisa—. ¿Quieren jugar al baloncesto?
Los niños miran emocionados. Juan, que es un poco tĂmido, dice:
—SĂ, sĂ, ¡baloncesto!
Paco y Luis gritan:
—¡SĂ, baloncesto! ¡Es divertido!
Miguel trae una pelota de baloncesto. Es grande y suave. Los niños se la pasan. Juan la agarra.
—¡Yo tiro! —dice Juan. La lanza y… ¡no entra en la canasta!
—No importa, Juan —dice Miguel—. ¡Sigue intentándolo!
Juan sonrĂe. Prueba de nuevo. Esta vez, la pelota entra. ¡SĂşper bien!
—¡Lo logré! —grita Juan, feliz.
Pero, de repente, llega el equipo rival. Son un poco más grandes y un poco más rápidos. Juan siente miedo.
—No puedo, no puedo —dice Juan.
Miguel se agacha y le dice:
—Juan, tú puedes. Juega con tus amigos. Juntos son fuertes.
Juan mira a Paco y Luis. Ellos asienten.
—¡Vamos, Juan! —gritan.
El juego comienza. Juan corre, pasa la pelota y rĂe. Todo el equipo juega. Ellos se ayudan.
—¡Pásame! —dice Paco.
Juan pasa la pelota. Luis anota. ¡Es un gran gol!
El juego termina. Todos están felices. Miguel dice:
—¡Muy bien, equipo! ¡El baloncesto es divertido!
Juan sonrĂe. Se siente valiente. Sabe que con amigos, todo es mejor. ¡Jugar es genial!