El bombero Juan estaba muy feliz. Tenía su casco brillante y su gran camión rojo. ¡Vrum, vrum, vrum! Sonaba el camión mientras se movía.
Un día, el bombero Juan escuchó un fuerte "¡Ting, ting, ting!" Era la alarma. Había fuego. Juan dijo: "¡Allá vamos!"
Juan era valiente. Con su manguera, el bombero echaba agua. ¡Splash, splash, splash! El fuego se apagaba.
Había niños cerca. Ellos miraban al bombero. Uno dijo: "¿Eres un héroe?"
Juan sonrió y respondió: "Me gusta ayudar, eso es lo que hago."
Los niños vieron cómo Juan trabajaba. Él les explicó: "El fuego es caliente. Nosotros, los bomberos, lo apagamos."
Los niños aprendieron algo nuevo. Estaban emocionados. Uno de ellos dijo: "¡Yo quiero ser como tú!"
Juan dijo: "Ser bombero es cuidar y proteger."
El bombero Juan mostró su casco. "Este casco me cuida la cabeza", dijo él.
Los niños tocaron el casco. Se reían felices.
Entonces, Juan dijo: "Cuando hay humo, ¡nos ponemos a salvo!"
Los niños repitieron: "¡Nos ponemos a salvo!"
Al final del día, el fuego estaba apagado. Todos aplaudieron a Juan.
¡Juan era un gran bombero! Con su trabajo, ayudaba a todos. Y los niños aprendieron algo especial ese día.
"¡Adiós, bombero Juan!", dijeron los niños.
"Adiós, amigos", dijo Juan, y se fue con su camión rojo.